La superpoblación de cabra montés en Guadarrama sigue sin freno

Tras la prohibición de abatir ejemplares, el Gobierno regional de Cristina Cifuentes ha presentado un recurso de casación para intentar desbloquear la situación.

El peligro de un brote de sarna, la erosión excesiva del terreno y el daño a la vegetación autóctona son los principales riesgos de la superpoblación.

La superpoblación de cabra montés en el Parque Nacional de Guadarrama continúa siendo un problema en la Comunidad de Madrid sin visos de solución a corto plazo. Tras la medida cautelar interpuesta en octubre del año pasado por la que se impedía abatir a los animales con armas de fuego, el Gobierno regional de Cristina Cifuentes ha presentado un recurso de casación para tratar de desbloquear la situación. «No es un capricho. La urgencia verdaderamente viene del daño que se pueden hacer las cabras a sí mismas», asegura Pablo Sanjuanbenito, director del Parque Nacional de la Sierra del Guadarrama.

La población de la Capra pyrenaica ha aumentado de una manera exponencial desde la reintroducción de la especie en 1990. El crecimiento ha sido tal que se ha llegado a alcanzar las 42 cabras por kilómetro cuadrado, cuando la cifra óptima sería entre seis y 16 animales.

El peligro de un brote de sarna, la erosión excesiva del terreno y el daño a la vegetación autóctona son los riesgos que podría acarrear esta superpoblación, según explica Sanjuanbenito.

La sarna es, según la Comunidad de Madrid, el peligro más inmediato al que podrían enfrentarse las cabras del Guadarrama. «No hay comida para todas y en el momento en que les falte alimento, sus defensas bajarán y se producirá un brote de sarna», vaticina el director del parque. Esto, según explica, sería fatal tanto para los animales como para los visitantes del espacio natural, y tendría especial incidencia en el ganado de la zona, que sufriría daños irreversibles.

Lo ideal para la sostenibilidad del parque es que el número de cabras se situara en torno a las 1.300 pero la realidad es que alrededor de 4.000 animales habitan la Cuerda Larga del Guadarrama, la zona donde se encuentra focalizado el problema. Estos 2.700 animales de más que el Parque no puede asumir «están haciendo daño a la vegetación autóctona del parque y provocando pérdidas de suelo debido a la erosión», cuenta Sanjuanbenito.

Para atajar este conflicto, la Comunidad de Madrid presentó un plan de control por el que se proponía abatir a entre 500 y 700 cabras al año, además de derivar animales vivos para repoblar otras zonas. Este plan fue aprobado por el Patronato del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama y respaldado por la Unión de Agricultores, Ganaderos y Silvicultores de la Comunidad de Madrid (Ugama).

Prohibido el sacrificio

No obstante, a instancias del partido animalista Pacma, el juzgado número 32 de lo Contencioso administrativo de Madrid supendió las medidas en octubre del pasado año. Algo más de una semana después, el Juzgado número 38 falló mantener la medida cautelar que prohibía el sacrificio de las cabras. Tras esto, este juzgado se declaró incompetente, llegando el conflicto ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM), que del mismo modo desestimaba un recurso del Gobierno regional el pasado 28 de febrero. «La ejecución del plan debe seguir suspendida antes de tomar cualquier decisión encaminada a llevar a cabo acciones irreversibles contra la vida de las cabras», sentenciaba.

Ahora, la historia vuelve a empezar. A principios del mes de mayo se ha llevado a cabo la interposición de un recurso de casación a las medidas cautelares aplicadas por los tribunales anteriores. «Existe una mala interpretación de esta medida cautelar, la cautela sería poner en marcha el plan», defiende Pablo Sanjuanbenito. «El partido animalista no sabe que está condenando a las cabras a una muerte atroz», añade.

Pacma presentó una batería de propuestas alternativas a la eliminación de los animales que desde la dirección del parque natural ven «imposibles de acometer». «Son medidas pensadas para animales domésticos», aseguran. Entre las alternativas presentadas por el partido animalista destaca la puesta en marcha de métodos anticonceptivos, aunque también propone traslocaciones creando corredores naturales para que las cabras puedan moverse a otras zonas o la gestión de depredadores naturales.

Informa Ana Caro para elmundo.es