La caza nocturna tropieza como medida frente a las plagas de conejos

La caza nocturna no está teniendo el resultado esperado en Aragón, donde sólo 11 municipios de los 103 afectados se han movilizado para realizar descastes nocturnos con armas de fuego. Al parecer, la caza nocturna no es tan efectiva como se ha planteado y resultaría más eficaz si se pudiese emplear el uso de vehículos y armas silenciosas como el calibre 22.

Un conejo, en el punto de mira de un cazador. / Youtube

La caza nocturna, medida extraordinaria incluida en el Plan General de Caza 2016-2017 para luchar contra los daños agrícolas producidos por el conejo de monte, no está teniendo el resultado esperado en Aragón. Durante el primer semestre de implantación, tan solo 11 municipios (Lanaja, Albalate de Cinca, Tamarite de Litera, Botorrita, Malón, Muel, Plasencia de Jalón, Gelsa, Tauste, Magallón y Almonacid de la Sierra) de los 103 afectados por las plagas se han movilizado para realizar descastes con armas de fuego y, en varios casos, el desenlace no ha sido tan efectivo como se esperaba.

El Ejecutivo autonómico simplificó los trámites administrativos para efectuar los controles de superpoblación -una vez obtenida la conformidad del titular del coto donde se vayan a hacer, basta con informar con 48 horas de antelación al Área Medioambiental y a la Guardia Civil-, pero quienes los desarrollan entienden que la normativa debería ser todavía más permisiva. Según explica Nicolás Urbani, veterinario de la Federación Aragonesa de Caza (FAC), “los conejos se esconden en sus madrigueras al escuchar los primeros disparos y no salen hasta dos horas después”. Así, aunque de inicio puedan morir cuatro o cinco ejemplares, “no merece la pena solicitar los permisos para la actuación”.

En el territorio aragonés, la caza nocturna puede realizarse a la espera o andando, pero nunca a bordo de un vehículo. “Esa técnica se ha probado en Cataluña o Valencia y es mucho más práctica. Hay que tener en cuenta que se puede completar un recorrido mayor y la persecución gana en rapidez e intensidad”, añade Urbani, que recientemente pudo comprobar que “en la oscuridad el conejo huye de la misma forma que a la luz del sol”.

“Además de ocupar un puesto en la FAC, ejerzo de presidente de la Sociedad de Cazadores de Magallón (municipio pionero en tomar medidas frente a las afecciones generadas por la especie) y, a día de hoy, puedo afirmar que la caza nocturna no es tan útil como la pintan. Para mejorar los resultados, al uso de los vehículos habría que añadir la posibilidad de emplear armas silenciosas como el rifle de calibre 22. De esta forma, se evitaría que los animales salgan asustados”, valora, sobre una experiencia que contrasta con la de Francisco Cristóbal, guarda rural de caza y pesca en Muel.

“Hemos llegado a matar 200 conejos en una sola noche, pero el principal problema está en la constancia. No es fácil encontrar personas que quieran salir habitualmente y quienes lo hacen no repiten. La caza nocturna no es atractiva y acarrea unos peligros. Por eso hay que concienciarse de que se efectúa para colaborar con una causa y no a modo deportivo”, subraya Cristóbal, que va al monte entre dos y cuatro veces por semana.

“Es una labor complicada porque en cuanto te relajas la superpoblación vuelve a estar incontrolada. La administración debería comprometerse a eliminar la fauna existente entre las autovías o carreteras donde proliferan los conejos y las madrigueras”, prosigue, antes de remarcar que en la zona de Muel no sería tan importante utilizar vehículos o armas silenciosas. “Las características de cada terreno marcan la forma de actuar”, concluye, coincidiendo con la postura de José Ramón López, director de Gestión Forestal del Gobierno de Aragón.

“Depende de si el punto en el que tiene lugar la cacería es un espacio abierto o cerrado, de si es llano o montañoso… No se puede generalizar”, comenta López, que confiesa que esperaba una mayor aceptación de la medida: “Pretendíamos que en torno al 30-40% de los municipios afectados se implicaran, pero finalmente la cifra ha quedado por debajo del 10%. Sin embargo, sí se aprecia que, poco a poco, va calando. Botorrita, Plasencia de Jalón y Malón emprendieron la iniciativa en enero y después han repetido en febrero. Confiamos en que la caza nocturna termine siendo una medida relevante en la batalla por erradicar las plagas”.

Por último, López destaca que Aragón es «una de las comunidades autónomas más permisivas», y adelanta que «la caza nocturna se va a flexibilizar todavía más».

Informa heraldo.es