Dos jornadas con podencos

26 noviembre, 2015 • Caza Menor

Precio estampa de cazadores cazando con podenco.

El buen hacer de mi padre

¿Hay algo más bonito que disfrutar del campo en la compañía de tu padre?Como cada domingo, cargamos el equipo de seis podencos: cuatro de ellos talla media y dos talla chica, y salimos a pasar una jornada de caza con podencos en zarza en grandes arroyos.

Julian, padre del autor del relato, durante una jornada de descaste

En este terreno es necesario utilizar podencos que tengan buen rastro y buena voz, que sean rápidos y les guste la maleza para no dar tregua al conejo, y que una vez sea detectado trabajen en equipo para sacarlo fuera y ponerlo a tiro.

No tardaron en detectar el primero. Comenzaron las ladras, el trabajo en equipo, pero todo esto debe ser acompañado por una buena colocación del cazador, que debe conocer el terreno y las huidas del conejo para cortarlo. Esto fue lo que falló en este lance, pues antes de poder colocarme el conejo ya estaba pasando y no me dio opción a disparar.

Los podencos no paraban de trabajar y pronto encontraron otro conejo. Aquí los lances son muy largos pues los conejos tienen pocos vivares y son muy valientes, brindándonos preciosos lances muy emocionantes.

Cada vez les escuchaba más cerca, el conejo venía hacia mí, el tiradero aquí es complicado y tienes que ser muy rápido. En esta ocasión estuve a la altura: salió a pocos metros y con los perros pegados, y con un tiro certero conseguí abatirlo y saciar el «ansia» de mis perros.

Podenco andaluz tras un conejo a la carrera.

Seguimos con los lances en los arroyos. Es curioso ver como se complementan estas dos tallas, pues los talla media son expertos en detectar al conejo  y los talla chica son los que hacen el trabajo más duro llegando a veces a sitios donde al talla media le costaría mucho o incluso no son capaces de llegar por su corpulencia y tamaño. Otro lance lo resolvieron muy bien ellos poniendo el conejo a mi padre, que con mucha templanza también dio buena cuenta de él.

En este coto la densidad de conejos es muy baja, con lo cual los perros deben emplearse a fondo y esto hace aun más atractiva la jornada por la incertidumbre de no saber lo que puede deparar.

Ya se iba notando el cansancio en los perros, pero la afición no les deja parar. De nuevo detectan otro conejo en el arroyo. Los latidos son constantes y otra vez el conejo le sale a mi padre intentándose ocultar entre un jaral, pero la veteranía es un grado y sabe cortarle bien la carrera.

El último lance de la jornada fue espectacular, pues los podencos nos pusieron a tiro el mismo conejo tres veces, pero este sabía lo que hacía en ese terreno muy fuerte consiguiendo salir ileso del lance.

Concluimos una jornada muy entretenida. Llegó el momento de curar a los perros que han hecho el gran trabajo en las zarzas, ya que les suelen quedar muchas secuelas.

Podencos en buena compañía

Al día siguiente salimos para pasar una jornada muy entretenida de lances con podencos de talla media y chica en un terreno variado donde estos «todoterreno» se desenvuelven de maravilla desplegando todo su potencial.

El terreno a cazar hoy eran canchos, escobas y zarzas.

Canchos de granito, escobas y claros, terreno conejero

La mañana comenzaba muy fría, nublada pero sin amenazar agua en principio. El equipo para hoy eran tres podencos de talla media y uno de talla pequeña. Para las grietas y las zarzas siempre vienen muy bien estos pequeños pero valientes podencos.

Era una jornada de esas que se disfrutan en compañía de buenos amigos, cazando bien compenetrados y disfrutando de la naturaleza. La buena compañía es muy importante en nuestras jornadas, pues de esta manera se saborean los lances de manera diferente.

Comenzaban las carreras, las ladras y el trabajo en equipo con alegría, ¡como suelen hacer los podencos!

El primero lo detectaron en una piedra. Con sus cambios de ritmo y ese rabeo característico nos marcaban que la pieza estaba cerca, pero estos podencos a veces se pegan tanto a la caza que no nos dan opción al tiro, y así  escapó el primer conejo de la mañana con los perros pegados al rabo.

Con el segundo hubo más suerte. Lo localizaron en una zarza y lo marcaron desde fuera como a mí me gusta: latidos y apretones delatan al conejo. Nos preparamos y este si dio la cara y con un disparo a tenazón se resolvió el lance con un cobro muy alegre por parte de uno de los talla media.

Mostrando la pieza al cazador amigo y comentado el lance

Seguíamos disfrutando de este paisaje precioso con gran variedad de avifauna pero donde los conejos eran los protagonistas de esta jornada.

En una piedra arrancan con otro conejo y tras dos disparos vemos que acusa el tiro. Los perros se pegan a él pero la cercanía de una «boca» hace que el cobro de este no sea posible. El conejo herido se encierra y lamentablemente no podemos cobrarlo.

El siguiente lance lo protagonizó el talla chica marcándolo en una zarza. Nos colocamos para cubrir en la medida de lo posible las salidas del lagomorfo pero, como suele pasar, este fue más listo y nos la jugó pegándose a la zarza y dando poca opción al disparo.

Entretenida jornada la que estábamos viviendo hoy con numerosos lances, en diversos paisajes y con muy buena compañía. Pero a veces el tiempo nos juega malas pasadas y en un abrir y cerrar de ojos ¡te pones perdido de agua! Es lo que tiene el campo.

Al final, el fuerte viento se llevó las nubes y a media mañana ya casi nos sobraba ropa. Seguíamos pateando el monte y dejando trabajar a los perros que no paraban de brindarnos bonitos lances.

Para terminar la jornada, dimos cuenta de unas migas en el cortijo, y comentando los lances acontecidos esperamos al fin de semana siguiente con ganas de volver a juntarnos y disfrutar de lo que más nos gusta: ¡el campo y la naturaleza!

Por Jesús Esteban Domínguez

Fotografías de Daniel Puerta Serrano

 


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