Un ganadero asturiano se despeña al querer rescatar una oveja

27 enero, 2017 • Actualidad

Rubén Álvarez Rivero tenía 150 cabras y 70 ovejas que pastoreaba cerca del valle de Angón. Ayer, sus familiares y vecinos de la localidad asturiana de Vega de Cien le daban el último adiós. El pasado martes 24 se precipitaba por una pendiente rocosa al querer rescatar una de sus ovejas, que se había enriscado por el acoso del lobo. Por eso, algunos lugareños lamentaban durante el sepelio la que consideraban causa de la muerte: «Rubén murió por culpa del lobo».

La iglesia de Vega de Cien (Asturias) se mostró ayer insuficiente para acoger en su interior a la multitud de personas que acudieron al funeral de Rubén Álvarez Rivero, el ganadero de 51 años que el pasado martes fallecía al precipitarse al vacío por una pronunciada pendiente rocosa en las proximidades del valle de Angón. El pastor intentaba rescatar una oveja que se había enriscado tras la embestida del lobo a su rebaño y en aquel momento permanecía atrapada en una canal. El número de vecinos que tuvieron que quedarse en el exterior del templo duplicaba a los que habían encontrado acomodo en el interior. Fueron varios los que aseguraron que «Rubén murió por culpa del lobo».

Un pastor con su rebaño de ovejas.

A medio camino entre las lágrimas y el dolor contenido, los lugareños y compañeros de profesión de Rubén Álvarez no dudaron en situar la causa de su muerte en «los continuos ataques del lobo al ganado menor en el concejo». Uno de los vecinos valoraba que «no se trata de un accidente cualquiera, va a tener un trasfondo importante, porque los ganaderos somos una especie en extinción». «La muerte de un pastor, en otras circunstancias, no significaría ni el 50% del dolor que nos embarga», valoraba. Y concluía expresando que «si no atiendes al ganado, como hacía el difunto, el lobo acaba con todos los animales».

Rubén Álvarez vivía en Ceneya pero había nacido en la localidad de Cien. Uno de sus vecinos, Perfecto Naredo, de 59 años, que durante varios años trabajó como pastor en Estados Unidos tras abandonar su lugar de nacimiento por falta de horizontes laborales, también situaba en los ataques del lobo «la causa» del fallecimiento del ganadero. Recordaba que en la zona llegó a haber «más de 2.000 ovejas y ya casi no queda ninguna». «El lobo aburre a los ganaderos, acaba con los animales, y por esa razón acudió Rubén el martes a la peña para rescatar una oveja que se había espantado por el ataque del lobo». Para un experto como Naredo se hace necesario «equilibrar la naturaleza». Por ese camino explicó que, además de haberse diezmado el ganado menor en el municipio, «también desaparecieron urogallos, liebres, perdices y otras especies, ante la superpoblación de lobos, zorros y jabalíes».

El pastor fallecido era propietario de un rebaño formado por más de 150 cabras bermeyas y pintas y cerca de 70 ovejas. Era socio de la Asociación de Criadores de la Cabra Bermeya (Acriber) y en los años 2015 y 2016 dos ejemplares de su cabaña se habían proclamado campeones nacionales. Al funeral ayer en Vega de Cien acudieron el gijonés Jesús Álvarez, vicepresidente de Acriber, y Jesús Pérez, controlador de la raza. Ambos valoraron que se trataba de un ganadero «con mucha afición y buena genética en su rebaño».

Entre las buenas cualidades que atesoraba Rubén Álvarez, varios vecinos coincidían en destacar que había sido «un extraordinario pescador de trucha y salmón, un artista, de los muy finos porque había nacido a la orilla del Sella». También le recordaban como «el organizador de la fiesta de Santa Marina en el pueblo de Cien» y como un dinámico emprendedor «en la explotación del bar en los festejos patronales de varios pueblos de Amieva y Ponga».

Los momentos de mayor tensión en los actos fúnebres de ayer se vivieron a la salida del templo, cuando el cadáver del ganadero estaba a punto de realizar su último viaje para ser incinerado en Oviedo.

Informa Guillermo Fernández para elcomercio.es

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