Un día como cualquiera

12 diciembre, 2010 • Miscelánea

Oscuridad y un poco de luz. Es lo que mis ojos vieron en una gasolinera a esperas de Juan Carlos y su padre para pasar una jornada de caza en mano. Hacía un poco de “rasca”, pero el pensar que dentro de unas horas el sol empezará a calentar, apacigua un poco mi mente.

Las 8:30 de la mañana. Por fin veo salir de un coche a una persona que reconocía por las fotos de Cazaworld. Era Juan Carlos, a quien de un abrazo saludé y de un apretón de manos saludé a Jesús, su padre, quien estaría con nosotros acompañándonos en ésta jornada que íbamos a pasar.

Montados en los coches, seguí a Juan Carlos y a Jesús con “Federico”, mi coche, (es una larga historia), hasta llegar al lado de un campo de tierra lisa de pasto, rastrojillos y algunos olivos (sitio ideal para el conejo, la liebre, y la perdiz). Sacamos las herramientas y veo que tenemos a un joven invitado. Una podenca llamada Hera, de la cual, ésta sería su tercera vez en que cazaría.

Durante dos horas estuvimos andando y zigzagueando los rastrojos que encontrábamos. Oíamos tiros y tiros. Las zuritas volaban de un lado a otro, pasándonos un bando un poco alta. Les pegamos dos tiros sin fortuna.

Terminada la jornada, pudimos ver que algún cazador tuvo suerte cobrando un conejo ó algunas zuritas. Sin embargo, la caza es un día como cualquiera: disfrutas el rato en el campo, acompañado de compañeros. Habrá días malos y habrá días mejores. Así es la caza.



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