Todo lo que necesitas saber para efectuar un remate de forma eficaz y segura

13 noviembre, 2019 • Caza mayor

El desenlace de una acción de caza debe ser un acto noble para todas las partes y es  responsabilidad nuestra conocer cómo debemos resolverla siempre de la forma más digna, rápida e indolora posible

Redacción | La mayoría de nosotros conoce las reglas de la caza. No solo las reglas que se deben cumplir para no incurrir en un delito legal, sino sobre todo, y no menos importantes, las reglas morales que todo cazador debe conocer y sobre todo respetar.

La caza engloba muchas facetas: algunas forman parte del ámbito social; otras tienen más que ver con el ámbito familiar, con la intimidad que pueda tener uno mismo con sus perros y la naturaleza. Sin duda, muchas veces tiene también un componente físico, ya que no deja de ser un deporte y, por otra parte,  algo sentimental por todos aquellos sentimientos que despiertan en nosotros la incertidumbre y dificultades que nos pone cada animal que salimos al campo a cazar, los cuales pueden llegar a resultar adictivos.

Además de todo lo mencionado existe una realidad en la caza tan natural como todo lo demás que la rodea y es que, aunque no todos, muchos de los lances que se producen en nuestras jornadas cinegéticas culminan con la muerte del animal que salimos a cazar. En la medida de lo posible, esta muerte debe ser lo más rápida e indolora posible para él y ahí junto con muchas más acciones propias de la caza es donde aparecen parte de esas reglas morales del cazador de las que hablábamos al principio.

Las propias acciones de la caza y la dificultad que entrañan algunos lances pueden generar situaciones en las que un animal pueda quedar herido. Ante esto, nuestro deber y nuestra responsabilidad recaen en tener la formación necesaria para poder culminar ese lance evitando infligir cualquier sufrimiento innecesario. A veces, con un segundo disparo certero podremos finalizar el lance, pero en otras ocasiones, por la situación en la que se produce (perros muy cerca, un agarre, etc), no es posible rematar de esa manera y debemos hacerlo a cuchillo. Para ello es imprescindible conocer, no solo como hay que efectuar el remate para hacerlo de la manera más rápida e indolora posible, sino todo lo que tenemos que tener en cuenta antes para garantizar nuestra propia seguridad.

¿Cómo debemos acercarnos?

Lo primero que debemos hacer es evaluar la situación, ver lo entero que está el animal; si está agarrado por los perros, evaluar el lugar donde se encuentra y ver si es un animal con mucha boca o cuernos que pueda entrañar un peligro más grande.

Una vez hayamos evaluado esto debemos acercarnos lo más silenciosamente posible, intentando hacerlo siempre por detrás, y si el animal está en una ladera deberemos hacerlo siempre de arriba a abajo, ya que si el animal se suelta de los perros o si pega un «apretón», al estar herido, casi siempre va a tender a salir hacia abajo, y en el caso de que le entremos por ese lado nos puede llevar por delante. Además, no está de más que tengamos en cuenta el aire, ya que si aireamos mucho al animal podemos delatar nuestra presencia y el animal puede atacarnos.

Si le entramos de frente, haciendo demasiado ruido o pegando voces, además de suceder lo mismo que con el aire, algunos de los perros que puedan estar sujetando al animal, al escuchar las voces, pueden llegar a soltarlo con el peligro que ello conlleva. En la medida de lo posible, durante el camino, lo ideal es ir desabrochando el cuchillo pero sin llegar a sacarlo para evitar accidentes.

¿Cómo debemos actuar al llegar al animal?

Lo primero que debemos hacer una vez lleguemos al animal es evaluar la situación ante la que nos encontramos. Debemos observar de cerca si el animal está muy fuerte o no, dónde está herido en el caso de estarlo o si está bien agarrado por los perros. Cuando hayamos evaluado eso es cuando decidiremos cómo debemos entrar al remate. En ese momento y solo en ese momento es cuando podemos sacar el cuchillo de remate.

Cómo finalizar el lance

La finalización del lance debe ser lo más rápida que nos permita nuestra propia seguridad, evitando de esta forma sufrimientos innecesarios y minimizaremos el riesgo de que cualquier perro pueda salir herido.

Para el remate intentaremos en la medida de lo posible colocarnos por detrás e intentaremos no estar al alcance de cuernos o navajas. También se debe tener cuidado con las patas ya que si el animal está tumbado y lanza una patada podemos recibir un golpe peligroso.

En caso de haber demasiados perros en el lance debemos apartar en silencio solo a aquellos que nos estorban en la zona de remate por su seguridad y la nuestra sin soltar a aquellos que están realmente sujetando al animal.

El sitio donde debemos usar el cuchillo es justo en la zona del codillo del animal y se tiene que incidir hacia el centro del pecho buscando el corazón. Esta es la forma más instantánea y menos dañina para el animal. Debemos intentar salvar las costillas y el cuchillo deberá ir en el mismo sentido que las mismas precisamente porque si lo hacemos de forma perpendicular no cabrá por el espacio intercostal. Es importante que sujetemos el cuchillo con fuerza ya que ante el movimiento del animal podríamos perderlo. La forma en la que el cuchillo debe entrar debe ser rápida, sin titubeos y en la medida de lo posible hasta el final, sacándolo una vez haya entrado. De esta manera finalizaremos el lance de una forma limpia e instantánea.

Es preciso que todo esto lo realicemos con un cuchillo de remate, que todo montero debería llevar para situaciones así porque todo lo que no sea un cuchillo para rematar puede generar problemas. Como decíamos, es nuestra responsabilidad conocer la forma correcta de poder finalizar estos lances por nuestra seguridad, la de los perros y, ante todo, para evitar el sufrimiento innecesario del noble animal al que hemos dado caza.

Con el tiempo y la experiencia todas las cosas a tener en cuenta y evaluaciones a la hora de entrar a un remate las haremos de forma más rápida, y cada vez con mejor criterio casi de manera instintiva, pero al principio es preferible pararse a pensar unos segundos para no precipitarse ni cometer errores que pueden resultar fatales para nosotros o que alarguen más de lo deseable la situación. 

Quitarle la vida a un animal en una acción de caza debe ser un acto noble para todas las partes. Es nuestra responsabilidad conocer cómo debemos hacerlo siempre de la forma más digna, rápida e indolora posible, lo que resulta un acto más de respeto hacia ese animal que nos entrega su vida.

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