Safari de luna de miel II

23 agosto, 2011 • Miscelánea

El día 21 de marzo cogíamos el primer avión a las 7 de la tarde, pero decidimos salir a las 11 de la mañana para evitar alguna sorpresa con los papeles y otras cosas que pudieran surgir por nuestra falta de experiencia.

Comimos de camino al aeropuerto y al llegar, fuimos directos a la Guardia Civil. Tras revisarnos el contenido de los maletines y la numeración de las armas, fuimos a embarcar, dónde nos encontramos con el primer problema, sin importancia gracias a llegar con tiempo de sobra. El billete, en vez de pagarse en la taquilla para embarcar el equipaje, se pagaba en la otra punta del aeropuerto.

Tras pagar el billete correspondiente, un chico nos recogió las armas y le acompañamos hasta un ascensor para comprobar que iban a buen recaudo. El paso siguiente, embarcar. Allí nos quitaron la crema solar, los desodorantes, la espuma para el pelo… Por ser nuestro primer viaje no sabíamos que no se podían llevar como equipaje de mano.

Por fin estábamos dentro del avión. Posteriormente despegamos con dirección Zúrich dónde sin ningún problema realizamos el transbordo al otro avión. El vuelo, de más de 11 horas se hizo eterno, pero un compañero habituado a los viajes largos en avión nos aconsejo llevarnos zapatillas para que las piernas y los pies descansasen, también nos aconsejó que tomásemos media aspirina para facilitar la circulación y dormidina para descansar algo mejor. El viaje, ausente de turbulencias, fue plácido tanto a la ida como a la vuelta, si bien la comida a base de mantequillas y de salsas raras dejaba bastante que desear.

Finalmente, sobre las 10 de la mañana aterrizamos en Johannesburgo, por fin en tierras africanas. Al desembarcar hicimos lo que me habían aconsejado, que era buscar un trabajador del aeropuerto que a cambio de una módica propina nos acompañaría y nos guiaría por el aeropuerto. No tardamos mucho en encontrar uno y sin hablar nuestro idioma, rápidamente entendió lo que queríamos, supongo que ya estarán habituados a tratar con cazadores. En primer lugar fuimos a recoger las maletas y tras ello, las armas, dónde coincidimos con tres cazadores americanos. Entramos en una sala dónde encontramos las armas encima de un mostrador, y al momento, un agente nos estaba llamando por el nombre, fuimos entregando la documentación y abriendo los maletines para hacer las comprobaciones pertinentes. En pocos minutos estábamos listos y embarcando las armas para otro vuelo. Lo curioso es que los agentes de la autoridad también esperaban propinas, nosotros, en concreto, les dimos 20 dólares. El trabajador del aeropuerto nos llevó a embarcar el equipaje, preocupándose de todo para facilitarnos las cosas, a cambio, en vez de una propina nos acabó pidiendo 100 dólares. Nosotros no picamos y le dimos 30, aunque después en la finca nos dijeron que era demasiado. Una vez arreglado todo, nos dirigimos a la puerta de embarque y aprovechamos para comer en una especie de Pans & Company, aunque los bocadillos tenían un relleno diferente.

Para ir al siguiente avión montamos en una especie de bus, y mientras íbamos por las pistas, Dani y Oliver bromeaban sobre los aviones de hélices que se veían. La sorpresa llegó cuando descubrimos que uno de ellos era el nuestro. Al despegar, el sonido era atronador y el avión temblaba por todas partes, pero una vez despegó, era exactamente igual que uno de turbina.

Al fin aterrizamos en Bloemfontein, allí nos estaba esperando para recogernos dos de los caladores que pasarían el safari con nosotros. El aeropuerto era realmente pequeño y todo fue muy rápido, en seguida salimos con todo el equipaje y los rifles hacia los coches, pero antes de llegar nos quedaban dos o tres horas en coche, pero ya nos daba igual, estábamos allí. El paisaje era espectacular y todo el cansancio acumulado durante el vuelo se nos quito al ver correr los primeros blesbuck al lado de la carretera.



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