Rececho de machos monteses por Jorge López Arellano

29 noviembre, 2011 • Miscelánea

Todo comenzó en mayo de 2011, cuando por encargo de David, me dijo que quería cazar un macho montés en Sierra Nevada conmigo. Me puse manos a la obra y se lo organicé en poco tiempo, pues tengo permisos y cotos en esa zona para cazarlos a rececho.

Llegado el día recogemos al guarda en el pueblo sobre las 8:15 de la mañana y tras una pequeña charla ponemos rumbo al coto, comentando el día que se apreciaba y se avecinaba.

Nos vamos preparando con los prismáticos para escudriñar los riscos y panderas que nos vamos encontrando por la subida hacia el refugio, dónde haremos noche y cuartes general del rececho. En la subida ya vamos viendo cabras con algunos machetes y algún que otro macho que nos hace prestarle atención por el trofeo que porta. Una vez llegamos al refugio de caza, dejamos todos los menesteres de los días de caza y más, mientras nos preparan un tentempié.

Decidimos acercarnos a una zona de riscos dónde localizamos un ejemplar digno de ser observado. Una vez cerca del sitio del avistamiento, nos paramos y observamos hasta localizarlo y comprobar que era un buen trofeo, para hacerle la entrada y dicho y hecho, hasta ponernos a unos 250 metros de él. Le dije al cazador que se preparara y con tiempo, pues el macho aunque estaba solo, no nos extraño demasiado.

Llegado el momento del lance, David, le tira y parece que acusa el tiro, pero sale al trote y poco después se para y le digo, repite el tiro. Vuelve a acusar el tiro pero no cae.

Me voy hasta el lugar del tiro, sigo las pisadas, pues había llovido esa noche y el terreno estaba blando y al poco de recorrer los pasos, doy con sangre, una gotita y muy roja. Con el terreno húmedo y monte bajo difícil tarea tenía por delante. A eso de una hora más o menos y perdiendo el rastro de sangre y poco después de las huellas, di por terminada la búsqueda del animal ya que entendí que había sido un tiro superficial y poco más.

Decido seguir cazando, pues el tiempo apremia y barruntaba lluvia. Ya teníamos niebla y frío, así que decido subir al refugio a tomar un tentempié y seguir cazando hasta caer la noche. Sobre las 12:15 horas, iniciamos otra ronda de rastreo de riscos y panderas… ¡Y bingo! Por debajo de nosotros veo un macho que por el pelaje y la distancia a la que estábamos de él, lo consideré digno de hacerle la entrada.

Llegado el momento de la aproximación entre unas rascas y chaparros, escudriño los riscos pues habíamos perdido el rastro y norte de la situación. Lo veo a unos 100 metro del lugar de la entrada y se lo comento a David y le digo que se prepare. Está buscando cabras y no nos ha visto, pero va solo, muy peligroso en el celo, ya que como te oiga o te escuche lo más mínimo, no lo ves más.

Sitúo al cazador y se prepara para tirar. A unos 240 metros efectúa el disparo y el macho acusa el tiro, aunque era en oblicuo y un tiro difícil, veo que lo engancha por el jamón izquierdo, pero no ha caído en seco, así que hay que ir con cautela. Descendemos hasta el tiro y poco después lo vemos echado con vida, por lo que le digo que lo tire antes de que se levante y con suerte consigue quedarse con él.

Una vez comprobamos que el animal ha sido abatido, nos acercamos, le felicito, pues es un buen ejemplar y apreciamos que llegaría a metal por la cornamenta y el porte del trofeo.

Preparé el trofeo y nos hicimos las fotos con el trofeo, rápidamente, ya que había empezado a llover y con la niebla y el frío queríamos llegar pronto al refugio, reponer fuerzas y comentar la mañana tan intensa que llevábamos de caza. Ya en el refugio, secos y cómodos, nos tomamos una copa de vino para celebrarlo y brindar por la buena mañana y el rececho logrado al macho montes medallable.

Sobre las cuatro de la tarde salgo a observar las panderas cercanas, como llevaba haciendo todo el día y veo un macho montés de 8 años con 5 cabras muy cerca de dónde estaba yo, y sin mediar palabra con ellos, cómo tengo permisos para abatir un trofeo y varios selectivos, no me lo pienso y decido tirarlo por selectivo. Entre la niebla y el agua que caía, no apreció bien el tiro, lo que si veo es que las cabras tiran para un lado y el macho para otro, buena señal. Vuelvo al refugio y David se percata de la movida y me dice: dónde vas y qué has hecho. Le respondo con cara risueña,  un zorro que ha pasado y he probado puntería. Por supuesto, no coló.

Le cuento lo sucedido y me dispongo a pistear el animal, de momento doy con las huellas de dónde han pasado pero sin rastro de sangre. Veo claramente que las cabras se han bajado y el macho ha subido. Tras unos minutos de pisteo y empapado por el agua, me paro, pienso y analizo el lance y… ¡Bingo! Tenía el macho abatido delante de mí. La niebla no me dejaba verlo con claridad. Menudo rececho y día de caza llevábamos. Lo saco y una vez en el refugio me hago alguna foto con él. Caía la noche y todo era alegría y celebraciones por el día de caza.

Una muy buena cena y tertulia, con sus copas y chistes. Era noche cerrada y no dejaba de llover junto a la niebla. Empezamos a planificar el día siguiente, si amanecía despejado o con lluvia, lo teníamos todo controlado.

Me levanté el primero a eso de las seis y media. Avivo el fuego de la chimenea y salgo a ver el día que nos depara, niebla y lluvia, cómo lo dejamos horas antes. Se levanta el personal al ruido y chasquidos del fuego, a eso de las 7:30 nos preparamos un café y esperamos al amanecer.

Tras disfrutar de un suculento desayuno, a las diez de la mañana empieza a aclarar y se levanta la niebla por momentos. Aprovecho para salir a escudriñar la zona de caza y se ven cabras y machetes, junto a un buen ejemplar. Objetivo conseguido nos dedicamos a verlo y a comentar la posible entrada y porte del trofeo… Sigue lloviendo a intervalos y la niebla por igual, se echa, se levante… Las cosas de la caza y su grandeza.

Sobre las 11.30 de la mañana se estanca la lluvia y se levanta la niebla hasta los 2000 metros. Empiezo a escudriñar el horizonte y las panderas de mí alrededor y localizo un macho solitario en estas fechas. Se apreciaba viejo, no es normal. Sigo viéndolo y estudiando su comportamiento y decido comentárselo al cazador, pues ya habíamos hablado por la noche la posibilidad de tirar un selectivo, al cual accedió. Así que monto el rececho y nos ponemos camino al macho, haciendo la aproximación y una vez llegado al lugar escudriño los alrededores y veo que está solo. A por él. Le hacemos la entrada y David se prepara con su Blaser del 308. A 200 metros. Le tira y acusa el tiro, le va a repetir pero le dije que no hacía falta.  Acusa el tiro y busca los toriles para allí dejar su vida. Se echa muy lentamente y buen rato después nos deja su vida y su trofeo para que amemos y respetemos el noble arte de la caza. Por cierto, era un macho de diez años y con síntomas de estar enfermo.



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Hay sólo 1 comentario. Yo sé que quieres decir algo:

  1. Jorge López dice:

    Gracias a todo el equipo de CAZAWORLD, por el buen hacer para con nosotros los amantes y de mucho respeto, con el noble arte de la caza…

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