PASIÓN POR LA CAZA

10 junio, 2013 • Pluma invitada

Uno de los aspectos más curiosos, en lo que a la caza se refiere, son las distintas reacciones que ésta genera entre los que la practican  y quienes no. Amor y odio. La capacidad de generar emociones positivas y verdadera pasión  frente al odio más acérrimo son patrimonio casi exclusivo de este deporte.

Aquéllos que no la practican ven en la caza una acción de muerte, de demostración de fortaleza y de exaltación de la violencia. Lo que no consiguen con esa actitud es entender qué más hay detrás. La mala fama de la caza es fruto del desconocimiento y del cliché impuesto socialmente.  Del mismo modo que el jugador que entra cada día en Botemanía a echar unos cartones de Bingo online puede ser una excelente persona pese a ser un amante del juego, el cazador que respeta las normas y cuida el monte no puede ser etiquetado como una mala. Eso significa ignorar muchos aspectos de esta actividad.

La caza del jabali. Cartones para tapices.

Para empezar, el cazador ama el monte. El campo. Su entorno. Frente a aquéllos que claman acerca de la crueldad y la destrucción del medio ambiente está la realidad: Nadie cuida, conoce, respeta y quiere el campo como un buen cazador. Y esto es así porque sólo él es capaz de disfrutarlo. Sólo él es consciente de que ésa es la base que permite llevar a cabo su pasión. La caza tiene un factor regulador de la fauna que sería peligroso abandonar para los propios ecosistemas, y las diferentes normas y temporadas de caza, debidamente respetadas, tienen el objetivo de preservar ese mismo entorno, no de destruirlo en modo alguno. La caza es necesaria, les guste o no a sus detractores.

Esto, que parece sencillo, es algo que no todo el mundo parece entender. Vale recordar el caso ocurrido hace unos años en Galicia, donde autoproclamados “defensores de los animales”, liberaron una granja de visones en medio del bosque, causando un daño gravísimo al ecosistema al introducir una especia extranjera alterando completamente la cadena trófica del lugar. Alguien que conoce el campo, que ama a los animales y el lugar donde éstos se desarrollan, jamás caería en semejante estupidez. De nuevo, desconocimiento.

Podríamos citar muchos otros aspectos positivos de la caza: El esfuerzo de la misma, la emoción producida al conseguir la pieza, las relaciones que se establecen durante su práctica, el instinto de superación o el desarrollo de un cierto nivel de autosuficiencia frente a la naturaleza, etc. Pero no son necesarios. Bien es cierto que todas las opiniones son válidas, pero eso no quiere decir que todas sean acertadas. Quien sólo ve muerte y sufrimiento en la caza, no sabe lo que es ésta. Ni qué es la muerte. Ni cuál es el mundo en el que vive. Y la opinión de aquél que no sabe, cuenta poco. O nada.

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