Mi viaje a África fue algo impensado por Ana Chicharro

21 febrero, 2011 • Miscelánea

Mi viaje a África fue algo impensado, algo con lo que nunca soñé. Me cogió de improviso sin saber muy bien lo que me iba a encontrar, acepté ir por amor.

Yo quería saber y sentir lo que tanto y tanto contaba Carlos, yo quería ir a cazar donde se suponía era el sueño de cualquier cazador. Atravesé media España y todo el continente africano. Nunca había estado tanto tiempo en el cielo y, la verdad, las ganas de conocer Sudáfrica nublaron cualquier tipo de molestia en el trayecto.

Me había leído un montón de documentación para ir preparada, me informé de todo lo que podía necesitar: medicinas por si acaso, toda la ropa, todo lo tenía pensado, todo estaba preparado. Iba entregada a Sudáfrica.

Cuando mis pies tocaron tierra africana todo fue muy rápido, en el aeropuerto un poco de caos, pero íbamos muy protegidos por un pequeño grupo de hombres grandes.

Empecé a darme cuenta que allí todo es inmenso, da igual donde vallas, todo está lejos. Pero para la gente que vive allí las distancias están asumidas.

Llegamos cuándo ya era de noche, aunque todavía era la hora de merendar. El campamento no era como había pensado, podía estar en cualquier sitio del mundo. Yo iba provista de todo y enseguida me di cuenta que nada iba a necesitar.

Ni siquiera amaneció y ya estábamos de caza. Todo era muy emocionante, todo estaba preparado tan naturalmente que me deje llevar y parecía que ya lo había hecho antes.

La caza allí es distinta, la montería no existe, tú vas a por un animal y solo tienes un tiro para abatirlo. Si logras hacerlo; porque no es tan fácil ya que influye el cazador y la suerte. Si no cae los pisteros hacen una labor increíble, aunque por supuesto siempre te quedan los buitres que dan buena cuenta de lo que tú no encuentras.

En resumen, es una experiencia para no olvidar y siempre para repetir. Hicimos un safari de ocho días y Carlos cazó nueve antílopes diferentes y dos facocheros. Estos últimos, para mí fueron los más divertidos. Por cierto, tengo una tabla en casa de un faco que abatí de un certero disparo (eso dicen los allí presentes) que no está nada mal. Fue mi primer animal cazado en África.

Gracias a la hospitalidad de Cesar Castro Porres, que sabe como nadie de caza en Sudáfrica, y a la organización de Alberto Muñoz Calero, que se desplazó con nosotros y nos acompañó después de algún percance aéreo; nuestra estancia allí fue estupenda y hasta hubo un hueco en ella para jugar al chinchón y enseñar al Chiquitín, nuestro cazador profesional, algo de España.

P.D: Espero ver algún día esa tierra roja. Iré sin nada, tan solo a cazar a Sudáfrica.




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