Mí primera salida de caza con escopeta.

30 septiembre, 2010 • Miscelánea

Tuvo lugar en un terreno libre de Extremadura, el día 10 de octubre del pasado año, en una jornada calurosa, seca y vespertina. El terreno, no muy escarpado pero sí con algunas lomas, era el típico y precioso paisaje Extremeño, que a mí tanto me enamora, la dehesa…

Recuerdo que José, Tomy, Domingo (mi cuadrilla) y yo, habíamos quedado en el Hotel Moya de Navalmoral de la Mata, con Jesús, un buen amigo que conocí a través de los foros y que aún no habíamos tenido la oportunidad de conocernos en persona.

Una vez saludados y presentados, pusimos rumbo hacia el cazadero. Una vez allí, bajamos los perros del carro, que en esta jornada serían dos pointer y una podenca, y nos dispusimos  a patear monte.

Tras un rato andando, no mucho, al coronar un cerro me salió un bando de perdices y por la inexperiencia en vez de encararme el arma, grité: ¡Domingo, ahí van las perdices! Costumbres de morralero… La verdad es que no me no me disgustó el no haber abatido algún ejemplar del bando, todo lo contrarío, estaba muy feliz de haberlas visto de esa manera.

No había terminado de estar explicándole a Domingo lo que había pasado, cuando se escuchó un disparó que pertenecía a José, había abatido su primera pieza de la temporada, una bonita liebre mostrada por su pointer Danko y cobrada por el pointer de Jesús, Lord. Los perros no tardaron mucho en volver a quedarse de muestra, en este caso fue Jesús quién abatió la liebre, que también fue cobrada por su pointer.

Tras estos sobresaltos, seguimos cazando, íbamos muy felices ya que con la caza que habíamos visto, nos conformábamos, no esperábamos más.  Y de hecho, íbamos diciendo esto, cuando tras un buen rato sin ver nada, saltó otra liebre en lo alto de un cerro que se llevo un susto de la mano de Jesús, Tomy  y Domingo con un disparo simultaneo de cada uno.

Aprovechamos para dar otra vuelta al terreno, por el lateral que habíamos dejado sin cazar y no hubo movimiento, así que decididos a tomar el taco, nos dijo Jesús que íbamos a parar más adelante, y antes de llegar, salió una perdiz que se llevo un susto de José, pero sólo eso.

Tras ver esta pieza, y antes de llegar al lugar en el que nos paramos, vimos un grupo grandecito de ciervas, con su guardaespaldas, un ciervo con una muy buena cornamenta.

Más adelante, nos dispusimos a comer el taco, elemento imprescindible en nuestras jornadas de caza, entre embutidos, agua fresquita y bromas, echamos el rato. Ya con la tripa llena, decidimos ir hacía el coche, a ver si por el camino salía algo, pero no hubo suerte, y eso que yo puse todo mi empeño y fe en que me saliese una liebre, pero las rabonas, me dieron la espalda.

En definitiva, una jornada para recordar, de hecho, a día de hoy, casi un año después del día citado lo recuerdo todo a la perfección. Las perchas no fueron cuantiosas, pero no somos cazadores de grandes cifras, sino de grandes días para el recuerdo, y eso sí lo conseguimos. Además del buen día, hay que citar la mención de honor que sacó Jesús, integrándose a nuestra cuadrilla como si fuese uno más, y todo esto fue posible gracias a su sencillez y nobleza.




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