Más de 6.000 hectáreas dedicadas a la caza de liebre con galgo en Cantalapiedra

5 diciembre, 2016 • Caza Menor

Cantalapiedra se encuentra en la salmantina comarca de Peñaranda. Dicen los entendidos que este término municipal es uno de los tres vértices del triángulo mágico de las las liebres, que tienen fama de ser «duras y resistentes». El autor de este artículo ha estado junto a varios galgueros, conociendo lo que supone esta afición que, temporada tras temporada, hace correr a los galgos más veloces detrás de las liebres más esquivas. Un amplio terreno donde galgos y escopeta conviven «con armonía».

Desde el día de la Virgen del Pilar, en que comenzó la temporada hábil de caza de liebre con galgo, los fines de semana en Cantalapiedra son diferentes para los aficionados a esta forma de ocio, que ya hace tiempos que dejó de ser una forma de supervivencia para convertirse en algo mucho más significativo y lleno de contenidos.

Un galguero de Cantalapiedra listo para la jornada de caza / Jorge Holguera

Un galguero de Cantalapiedra listo para la jornada de caza / Jorge Holguera

La caza de liebre con galgo es, según la descripción dada por la administración regional en la normativa que la regula, «la modalidad practicada por un solo cazador o por una cuadrilla de ellos, quienes a pie o a caballo, buscan coordinada y activamente a las liebres con el fin de que los galgos las capturen». En dicha explicación también se contempla que «no podrán emplearse más de tres galgos sueltos por carrera y, de éstos, al menos, uno será cachorro, entendiendo como tal aquél cuya edad sea inferior a seis meses».

En Cantalapiedra es bien sabido que «en esta modalidad no se permite el empleo de armas de fuego ni combinada con otra modalidad que las emplee». La sabiduría popular supo dejar clara esta norma en la rima que dice: «pegar un tiro a una liebre, debiera estar condenado, que a una liebre la avasallan, dos galgos acollarados, y si se va, que se vaya». Y ciertamente, en este término municipal, las liebres en muchas ocasiones escapan del lebrel, por esta circunstancia las rabonas de Cantalapiedra tienen fama de ser duras y resistentes.

De hecho dicen los entendidos que esta es una forma de selección genética natural, pues tan sólo sobreviven las roedoras más hábiles, las más sanas y astutas. Es decir, el galgo va a capturar primero las más lentas, débiles e incluso las que puedan ser más susceptibles de tener alguna enfermedad.

De ahí que los aficionados al mundo de la caza con galgos de todo el país tengan a Cantalapiedra como punto de referencia a nivel nacional, lo sitúan como uno de los tres vértices del que llaman triángulo mágico de la liebre, que se completa con Madrigal de las Altas Torres, en Ávila, y con Medina del Campo, en Valladolid.

En Cantalapiedra conviven con armonía galgueros y cazadores con escopeta, es decir, aquellos que buscan especies cinegéticas y las capturan a tiro de cartucho, acompañados de sus perros.

Cada domingo y día festivo salen todos ellos a cazar, este año, los segundos comenzaron el domingo, 23 de octubre, y todos terminaran la temporada vigente el domingo, 29 de enero.

La temporada empezó con muy buen tiempo, aunque también ha habido días de lluvia. Estos días la mayor dificultad es la niebla, que evita la caza, pues hasta que no levanta la normativa no permite que el cazador salga al campo. Los amante de esta forma de ocio sufren en esas jornada en que esperan y en ocasiones atardece sin que la niebla levante, evitando su salida al campo.

Los cazadores con escopeta no abaten nunca las liebres, pues buscan otras piezas no menos valiosas que campan por la estepa cerealista. Entre ellas: palomas, codornices, perdices y conejos. También históricamente había en Cantalapiedra tórtolas, que ahora dicen escasean, o casi no hay, pero que incluso llegaron a formar parte del folclore popular, sirva de ejemplo la letrilla que dice: «arrullaba la tórtola madre, arrullaba el verde limón, con el pico picaba la hoja, con la hoja caía la flor; ahí abajo hay escondido, un infame cazador, hizo puntería fija, y a la tórtola la mató». Esta letra forma parte de una de las canciones del baile de paleo que cada año se sigue danzando principalmente con ocasión de las fiestas en honor a la Virgen de la Misericordia, patrona de la villa.

En alusión al lugar donde se caza, hay que hacer referencia a la inmensa llanura de la que forma parte el término municipal de Cantalapiedra, en estos momentos entre pajas y parcelas recién sembradas principalmente de cereales, aunque también hay muchas otras tierras dedicadas a cultivos de regadío, entre ellos últimamente destacan las patatas, que han desplazado a la remolacha en los últimos años.

El registro de cotos dependiente de la Dirección General de Medio Natural muestra tres cotos en el término municipal de Cantalapiedra: el de José María Blázquez de 654 hectáreas de superficie total; el de José Luis Igea, de 531,19; y el de la Junta Agropecuaria Local de Cantalapiedra, que cuenta con 5.200,76 hectáreas. El segundo de ellos, el de José Luis Igea, conocido popularmente como Coto Villares, está destinado a la caza de liebre con galgo y en el mismo cazaban los miembros del denominado Club Cañipón. El tercero de los cotos mencionados, es el que agrupa las fincas de gran parte de los agricultores de la localidad, donde cazan tanto galgueros como cazadores con escopeta. Era conocido como Coto Calabrés y en el mismo cazan los miembros del club del mismo nombre. Ambos son cotos privados de caza, y este último es el quinto más grande de la provincia en superficie.

Coto más grande

El coto privado de caza más grande de Salamanca es el del Club Deportivo de Caza de Lumbrales, con una superficie de 7.606,82 hectáreas, que cogen parcelas de cuatro términos municipales (Lumbrales, San Felices de los Gallegos, Hinojosa de Duero y Bermellar). El segundo en superficie, y primero con terreno de un sólo término municipal es el del Club Deportivo de Caza El Charro, situado en el término de Hinojosa de Duero, y con 7.024 hectáreas para este fin. El tercer coto en superficie, y segundo formado por parcelas de un sólo municipio es el que pertenece al Club de Caza de San Felices de los Gallegos, situado en dicho término y con una superficie total de 6.795,34 hectáreas. El cuarto en superficie es el del Club Deportivo de Cazadores de Fuenteguinaldo, compuesto por 5.438,20 hectáreas situadas dentro del término municipal de Fuenteguinaldo.

Jorge Holguera para elnortedecastilla.es

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2 comentarios. ¿Quieres agregar algo?:

  1. calista dice:

    Es de elogiar que los escopeteros respetan las rabonas (aunque tengo mis dudas de que eso se cumpla al 100%…)

    El problema que yo es la cantidad de robos de galgos que se producen todos los años, matando las ilusiones de decenas de galgueros que crian esmeros y con no pocos esfuerzos y sacrificios a los animales para que luego una noche sean robados. ¿Por qué no hay mas controles por parte de la Guardia Civil?

  2. Decaza dice:

    Es increíble como una simple “costumbre” puede convertirse en toda una tradición. Destacar sobre todo el hecho de que no se matan las liebres, sino que optan por cazar piezas de menor tamaño como pueden ser las palomas o los conejos. Estoy de acuerdo con @Calista en que hace falta más presencia policial que efectúen controles a fin de que no se roben animales por la noche. Mucha gente ve en ello un negocio muy lucrativo que en última instancia termina hiriéndolos y haciéndoles daño. ¡Saludos!

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