Los cazadores tinerfeños acusan a los animalistas de acoso con prácticas ilegales

27 marzo, 2017 • Noticias de caza

Se está creando «una guerra» entre los cazadores y animalistas de Tenerife. «Estamos hasta la coronilla», denuncia el presidente de la Federación de Asociaciones para la Gestión Cinegética de Tenerife, Antonio Porras, tras la continuada serie de prácticas ilegales que grupos animalistas cometen en las propiedades de los cazadores y en algún coto de caza. El colectivo cinegético se siente perseguido por los activistas y denuncian que entran sin permiso en propiedades privadas y causan destrozos en las instalaciones.

El cazador tinerfeño Antonio Porras junto a sus perros / Delia Padrón

El colectivo de cazadores de la Isla se siente acosado por los animalistas y denuncian que estos grupos incluso llegan a realizar prácticas ilegales como el presunto allanamiento de propiedades privadas y causar daños en las instalaciones. El presidente de la Federación de Asociaciones para la Gestión Cinegética de Tenerife, Antonio Porras, asegura que este tipo de actos se han incrementado desde hace unos meses, después de que saliera a la luz el caso de una docena de podencos que malvivían en pésimas condiciones en Los Realejos.

El último suceso de estas características tuvo lugar el pasado sábado 25 de marzo, cuando dos personas cubiertas con pasamontañas presuntamente destrozaron un estanque ubicado dentro de un coto de caza. Los animalistas ya habían denunciado a través de las redes sociales que en este lugar anteriormente habían localizados animales en mal estado y apuntaron que podrían haberse celebrado peleas de perros ilegales.

Sin embargo, los cazadores rechazan estas informaciones y mantienen que lo único que hay en el lugar es una pequeña habitación donde guardan aparejos y el estanque, que estaba cubierto para evitar que los perros se cayeran dentro. En cuanto a las acusaciones de que allí podrían haberse producido combates de canes, Porras asegura que ni él ni los 200 usuarios de este coto de caza «jamas hemos visto que se realicen ese tipo de actividades».

Pero este caso no es el único que ha sucedido en las últimas semanas. Un guarda rural de Anaga asegura que una semana antes un grupo de personas supuestamente entró en una finca privada en Valleseco, rompieron el candado de la perrera y soltaron a los perros. «Los animales se fueron hacia la autovía de San Andrés y no hubo un accidente de milagro», manifiesta. Además, apunta que los perros se encontraban cuidados y en buenas condiciones. «Ellos dicen que es un zulo, pero en realidad son perreras», opina. Los dueños de esta propiedad ya han sido víctimas de allanamientos en otras ocasiones anteriores. «Incluso se han planteado dejar la caza porque están ya muy cansados», señala este guarda rural.

Este profesional también apunta que en las últimas semanas ha habido varios casos en María Jiménez y también en el barrio de La Salud y afirma que algunos animalistas incluso se atreven a grabar vídeos mientras se introducen de forma ilegal en las propiedades en busca de perros en mal estado.

Argumenta que aunque estas perreras se encuentren en espacios naturales, «el terreno tiene dueño por lo que no pueden entrar así como así». De la misma opinión es el presidente de la Federación de Cazadores quien asegura que la mayor parte de los cazadores mantienen a los perros en zonas apartadas «porque no se pueden tener en casa, ya que causan molestias a los vecinos». Asimismo incide en que «hay que respetar lo ajeno» y anima a quien crea que se está cometiendo un delito. «Si hay delito la obligación es denunciarlo, pero no puedes meterte a soltar las cadenas porque entonces también cometes una infracción», sostiene.

Los cazadores están cansados de que se les acuse a todos de ser unos maltratadores. «Mi animal preferido es el perro y los míos los tengo cuidados», afirma Porras. El colectivo alerta de que se está creando una guerra entre cazadores y animalistas. Avisan de que el enfrentamiento entre ambos colectivos puede acabar mal si alguna vez los activistas son sorprendidos en alguna de estas actuaciones ilegales. «Hemos aguantado muchos años, pero estamos hasta la coronilla», denuncia Porras.

Dalia Guerra para laopinion.es

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