Las cosas de la Montería parte II

30 agosto, 2010 • Miscelánea

anterior …La postura estaba en un camino que serpenteaba por mitad de la mancha. Al frente teníamos un pecho de monte, no muy alto, que estando de solana, compartíamos con el puesto del lado derecho y éste, a su derecha y enfrente tenia un collao. A la izquierda, y marcándonos prácticamente la distancia de tiro, bajaba de atrás hacia adelante un arroyo. Detrás teníamos monte, que no nos dejaba ver, pero al fin y al cabo monte. Ya se sabe, la huida de la res es importante. ¡Los puestos son como las mujeres Ricardito, hay que mirarlos por delante y por detrás! me decía el gran Paco Basarán, cuando yo era un pipiolo.

Debajo de nosotros, tapado por una casilla en ruinas, el vecino que nos acompañó en el viaje.

Se hicieron varias sueltas, es posible que con buen criterio.

– ¿Por qué no nos cuentan casi nunca, como se va a dar la mancha? Tenemos que reivindicarlo. Cada día cazamos menos, por que nos enteramos de menos.

Mediada la echada aparecieron perros por el collao: jipan, se centran, se les vuelve, se arrecovan, y cochino a la cazuela. Chilla fino, parece una guarra. El perrero invita al remate a un chaval que acompaña al del puesto de arriba. Buen detalle. Haciendo afición.

Salta un venao al pecho, mi hijo le suelta un tirascazo y le entaca, acusa el tiro, intenta el de remate, y le freno.

– No escandalices, está muerto.

Corre hacia el puesto del vecino y se acuesta. Bueno, no está mal la cosa.

Los perros siguen su marcha, los perreros se quedan de balcón y dejan hacer. Salta una collera de venaos al vecino, les dispara varios tiros, se abren, uno cruza para atrás, el otro no aparece. Se habrá quedado con él, aunque parecía que tiraba al que iba para atrás, que raro.

– Bueno, le digo a mi mozo, pásame el rifle, dame responsabilidades, bromeo. Me lo pasa encantado.

– Padre, qué cosas tienes.

De una suelta a nuestra espalda y al otro lado del arroyo, se escucha una ladra. El montero juega su lance un poco lejos y deja al venao herido. Los perros le corren arroyo “alante”. Cruza, y en el soto agarra ventaja, lo que aprovecho para correrle la mano y parece que lo engancho, pero desaparece. La ladra sigue y poco después laten “a parao”. Me alegro. Es bonito y al compañero le va a encantar que se lo haya rematado.

De detrás, e inmediatamente después, cruza otro que se dirige a la casilla en ruinas. Le dejo, y cuando repecha le tiro sosquinao al codillo, no hace ningún gesto, pero me parece que le he pegado.

Cambiamos de nuevo el arma.

– Un ratito tú hijo.

Al instante un transluzón en el monte. No veo lo que es, pero me parece cervuno.

– Lo tienes que tirar en el camino, estate muy atento y levanta la guardia, ¡en prevengan!

No sale el pájaro. La tensión es la leche. Se ha quedado en un pegote de monte, muy cerquita de nosotros y no sale el condenado. Esperamos un buen rato.

– Prepárate que te lo ojeo….



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