La mala gestión de las fincas de caza mayor impulsa la desaparición de la perdiz roja

15 febrero, 2016 • Caza y Conservación

Un equipo de investigadores de origen español ha concluido, tras un minucioso estudio, que gran parte de la culpa del declive de población de la perdiz roja (Alectoris Rufa) es debido a la alta densidad de jabalíes, ciervos y corzos en las fincas de caza mayor.

perdiz roja

 

Este equipo está liderado por José Guerrero-Casado y cuenta con la participación de investigadores de la Universidades de Córdoba y Munich, el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos y el Instituto de Agricultura Sostenible.

Para el desarrollo del mismo se han analizado factores como la vegetación, proporción de nidos depredados, disponibilidad de invertebrados como alimento y especialmente la abundancia de carnívoros, jabalíes o ciervos en nueve fincas cordobesas dedicadas a la caza y cuya superficie ocupa 2.470 hectáreas.

Los autores concluyen que «las altas densidades de ungulados podrían afectar negativamente a la abundancia de perdiz debido a una reducción de la disponibilidad de alimento (invertebrados y biomasa de herbáceas)». Para llegar a esta conclusión se basaron en que la abundancia de ciervos en los terrenos era inversamente proporcional a la abundancia de la perdiz.

Para el equipo de científicos «esta investigación ha puesto de manifiesto que los actuales sistemas intensivos de gestión de la caza mayor en el centro-sur de España no son compatibles con la conservación de la perdiz roja, y que por lo tanto, estos efectos deben ser considerados a la hora de definir las políticas para la gestión de la caza mayor y la conservación».

Según el programa SACRE de SEO/Birdlife, las poblaciones de perdiz roja han disminuido un 33% en las últimas décadas (entre los años 1998 y 2013), como resultado de una transformación e intensificación agrícola que ha deteriorado sus lugares de cría y reducido su alimento, ayudado por la alta presión ganadera y los cambios en el uso del suelo. Todos estos factores han dado lugar a un incremento de las posibilidades de depredación por simplificación del paisaje, en el cual apenas existen ya «setos refugio» en las dehesas.

Fuente: abc.es

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