La Fundación Artemisan pide explicaciones al IREC por «un trabajo pseudocientífico» en su último congreso

5 julio, 2019 • Noticias de caza

Desde la Fundación explican que la investigación supone un ataque con mentiras a la caza

Artemisan estudia interrumpir todas las colaboraciones con esta entidad si no se produce un pronunciamiento claro al respecto

Informa Fundación Artemisan | La Fundación Artemisan considera lamentable que el Instituto de Investigación en Recursos Cinegético (IREC) haya amparado la presentación de un trabajo que, con la apariencia de un trabajo científico, incluye información que se basa en mentiras para atacar frontalmente al sector de la caza.

Se trata, concretamente, del poster ‘La información científica en un contexto de sostenibilidad: El conflicto de la caza como caso de estudio’, presentado por José Miguel Aparicio, en el I Congreso Ibérico de Ciencia Aplicada a los Recursos Cinegéticos (CICAR) celebrado hace unos días en Ciudad Real. Este cartel pseudocientífico tiene tintes difamatorios para el conjunto del sector de la caza y para instituciones concretas como el propio IREC y la Fundación Artemisan.

Partiendo del uso de imágenes que retrotraen a la obra ‘Los Santos Inocentes’, este trabajo pone en duda el papel y la estructura del IREC, acusa al sector de la caza de ser el responsable del “subdesarrollo social y económico” de las zonas rurales y realiza graves acusaciones a los cazadores en materia como el envenenamiento, el maltrato animal, el “tiroteo” de especies no cinegéticas…

A esto se suma que este supuesto trabajo científico no incluye ni uno solo de los beneficios objetivos de la actividad cinegética, refrendados por las mayores instituciones internacionales tanto políticas como medioambientales, con lo que incumple los principios básicos de cualquier análisis de conflicto y demuestra que parte de unas conclusiones que trata de demostrar sin importarle la realidad.

Ante estos hechos gravísimos, la Fundación Artemisan reclama a la institución una disculpa pública que debe producirse de manera urgente, puesto que aunque este supuesto investigador haya hablado de forma personal, el estudio está amparado por este organismo y, lo más grave, han permitido la exposición de este cartel en el marco del Congreso celebrado en Ciudad Real.

Asimismo, pide al CSIC y a Universidad de Castilla La Mancha, como entidades financiadoras del IREC, que aclaren por qué se permiten este tipo de actuaciones en ese centro, puesto que van en contra de su propia declaración de objetivos y contravienen sus principios básicos. Al CSIC van a solicitar, además, la apertura de un expediente por el desarrollo de un hecho de tanta gravedad y que mucho más allá de dañar la imagen de la caza, lo hace con el propio IREC y con el CSIC.

Artemisan lamenta que se haya llegado a esta situación, puesto que es consciente de que hay investigadores muy serios y relevantes en el IREC que impulsan investigaciones de calado para el sector cinegético.  De hecho, Artemisan colabora con el IREC en diversos proyectos.

Aun así, si no se produce una rectificación pública la Fundación Artemisan se replanteará todas las colaboraciones con el IREC y con todos sus investigadores.

INFORME DE IMPACTO SOCIOECONÓMICO DE LA CAZA

Por otra parte, Artemisan quiere aclarar que todas las acusaciones lanzadas por José Miguel Aparicio contra el informe de impacto socioeconómico elaborado por Deloitte y la Fundación, son totalmente falsas. De hecho, demuestran su escaso rigor científico y dejan en evidencia al autor de unas afirmaciones que se desmontan por sí mismas. A continuación, analizamos y respondemos a sus supuestas críticas.

  • “El diseño de la encuesta conduce a respuestas dirigidas […] la conclusión sobre la edad del cazador medio no podía ser otra que de más de 46 años, una manera segura de evitar la imagen de una actividad decadente”. 

El motivo por el que se escogieron las franjas de edad de 18-24, 25-30, 31-35, 36-45 y más de 46 años (sin incluir más franjas), viene dado porque los perfiles de gasto a partir de los 40-50 años se estabilizan en actividades como la caza, siendo de interés para el estudio conocer las diferencias entre cazadores jóvenes y más veteranos. Es obvio que la edad media del cazador español supera la cuarentena, ya existen estudios que conocemos bien.

  • “Parte de los encuestados son imprecisos o mienten […] así que el salario medio de estos trabajadores (contratados por los organizadores profesionales de caza), debe de ser de 115,6 € brutos al mes. La conclusión podría haber sido que los rehaleros gastan casi tanto en cada perro como esos organizadores en cada uno de sus empleados”. 

Vemos que se “ha hecho la cuenta de la vieja” para calcular el salario de las personas empleadas por los organizadores, lo cual es erróneo. No para todas las personas empleadas por los organizadores participantes en el estudio se pudo calcular el salario, dado que en ocasiones parte del personal procede como servicio exterior. En los casos en los que sí fue posible hacer el cálculo, los salarios tenían un rango de 1200 a 3000€ brutos.

  • El informe no contempla los costes que la caza tiene fuera del sector ni conflictos con otros sectores. Además, considera como inversión en el sector cinegético todo el presupuesto del IREC, a pesar de que sólo un 27% de ingresos de proyectos de investigación son de proyectos relacionados con la cinegética”.

Como Carlos Sánchez apuntó en la comunicación oral defendida en el CICARC, Fundación Artemisan es consciente de que la caza no puede ni debe justificarse únicamente por su contribución económica, y es por eso que esta entidad apuesta por el desarrollo de proyectos en pro de la sostenibilidad. Pero no por ello puede negarse la contribución económica de la actividad cinegética para el beneficio de las personas, las especies y espacios que habitan.  Por otro lado, habría sido erróneo no incluir como gasto el presupuesto del IREC dentro del realizado por la Administración, datos que fueron facilitados por el director de dicho centro en el año 2017. Otra cuestión es que dentro de esta organización existan grupos de investigación, como el del propio Aparicio cuyo objetivo e incluso diríamos, obsesión, es terminar con la actividad cinegética. Lo que Aparicio no reflexiona es que, en tal caso, su instituto, el IREC, no existiría.


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