LA CAZA Y YO.

10 mayo, 2011 • Sin categoría

Como soy nuevo en este espacio y en estas lides de la expresión por escrito me gustaría, con estas cuatro líneas, dar a conocer muy someramente cuál es mi postura sobre la caza. Muchos opinareis que son pensamientos poco razonados y hasta poco racionales y os aseguro que tenéis mucha razón porque cuando hablo de caza el sentimiento que prevalece en mi es el de la pasión.

Según la Real academia de la lengua española cazar es un vocablo que proviene del término latino captiāre, de captāre,, coger en castellano, y lo define como: Buscar o perseguir a las aves, fieras y otras muchas clases de animales para cobrarlos o matarlos.

Es más que evidente que como definición puede llegar a ser muy válida pero debemos tener muy claro que es una definición demasiado somera de un término que contiene muchas más particularidades.
No quiero empezar a citar definiciones de la caza de grandes intelectuales, nobles cazadores o ilustres plumas literarias que todos ya conocéis y que yo no haría más que desmerecer, pero no debemos olvidar que prestigiosos y muy reconocidos personajes como Miguel Delibes, Ortega y Gasset o Eduardo Coca han hecho definiciones mucho más acertadas que las que podemos encontrar en cualquier enciclopedia.

Yo no me atrevo a hacer ninguna definición del término cazar y seguramente lo haría muy mal si me aventurase a intentarlo pero sí que puedo tratar de explicar que es la Caza y ser cazador para mí.
Como ya dije al principio yo entiendo la caza como un acto pasional y como toda pasión sus argumentos de defensa pueden llegar a parecer poco racionales, sobre todo si son analizados por personas que no comparten el mismo sentir que quien los argumenta.

Caza. Deporte si, deporte no.

No sabría decir si la caza es deporte como tampoco sabría decir si no lo es, lo que sí que es verdad es que cuando vas detrás nuestras codiciadas perdices rojas pisando terrones o partiendo sierras a pico haces un esfuerzo atlético importante y esto no deja de ser ejercicio tanto físico como aeróbico, pero aún así, lo que sí que tengo muy claro es que hay modalidades tradicionales de caza donde la competición, y recalco competición, no debería de tener cabida.

El cazador como figura de gestión.

El cazador actual está cambiando muy rápidamente y se está convirtiendo en un instrumento imprescindible de gestión del Medio Natural que se merece todo el respeto de la sociedad no cazadora.
El aprovechamiento y extracción racional de los recursos naturales es una necesidad imperativa pues cada especie necesita un tratamiento diferente según la situación poblacional que goza en el momento y el lugar en el que se quiere llevar a cabo el aprovechamiento o control y es aquí donde el cazador de hoy aparece como una figura muy capacitada para ejecutar el objetivo idóneo.

¿Yo soy ecologista?

Alguna vez he intentado definirme como cazador ante algún amigo no cazador y me reprochaban el hecho de que no incluyera dentro de mi definición el ser amante de la Naturaleza pero claro, para mí, ser amante de la Naturaleza es inherente al hecho de ser cazador y por eso nunca lo especifico. “Quizás debiera
empezar a aclararlo”.

Por lo tanto la respuesta a la pregunta del encabezamiento de este apartado dependerá de que entendamos por ser ecologista. Si entendemos que el ecologista es una persona amante de la naturaleza, conocedora del medio y dispuesta a seguir aprendiendo, respetuosa con la Naturaleza, sus habitantes y el resto de usuarios, dialogante, empática, que fomenta valores sociales, culturales, medioambientales………….pues sí, soy ecologista, que por cierto, no sé si os habéis dado cuenta de que coincide bastante con la definición de Cazador.

Asignatura pendiente

La parte que encuentro más difícil de explicar de nuestra actividad es el hecho de que como consecuencia final del acto de cazar aparece la muerte de un animal. Todos sabemos que la muerte del animal no es la finalidad de la caza de hoy, si no la inevitable consecuencia de llevar a cabo una correcta gestión del recurso que la Naturaleza pone a nuestro alcance, pero claro, es inevitable que aparezca el aspecto moral de relacionar la muerte con una actividad considerada lúdica y eso es un obstáculo difícil de afrontar.

Miguel González Hernández




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