Voces de caza

Jorge Cassinello: «Erradicar el arruí es un error»

6 noviembre, 2017 • Entrevistas

El investigador del CSIC Jorge Cassinello / La Verdad

Con la ley en la mano, el arruí tiene que ser erradicado. Así lo dicta una sentencia del Tribunal Supremo que anula las excepciones concedidas a esta y otras especies invasoras como el cangrejo rojo y la trucha arcoíris por su carácter «dañino» con los ecosistemas ibéricos y la fauna autóctona. La eliminación del muflón del Atlas en la Región de Murcia, donde fue introducido en 1970 para crear una reserva de caza en Sierra Espuña, ha encontrado una fuerte respuesta por parte del mundo cinegético, que está presionando a la administración para lograr un nuevo indulto legal a este ungulado norteafricano.

También hay voces en el ámbito científico contrarias a borrar del todo al arruí de la península. Seguramente la más significativa es la de Jorge Cassinello Roldán (Almería, 1964), investigador del CSIC en la Estación Experimental de Zonas Áridas y gran experto en esta especie, que estudia desde los inicios de su carrera científica, desarrollada en Cambridge, Madrid, Ciudad Real y Almería.

¿Preguntarle ‘arruí sí o arruí no’ es demasiado simple?

Me temo que sí; la respuesta va a depender de en qué hábitat, en qué condiciones, en qué densidades…

Después de 47 años en Murcia y zonas cercanas de Almería y Alicante principalmente, ¿el muflón del Atlas ha resultado perjudicial para la biodiversidad autóctona?

A día de hoy no existe ningún dato científico que indique que sean perjudiciales para la biodiversidad autóctona, más allá del hecho de que, como ocurre con los ungulados herbívoros autóctonos, en densidades muy elevadas pueden afectar negativamente a las comunidades de plantas de determinadas áreas, incluyendo las protegidas. Asimismo, el arruí no parece ejercer ninguna competencia ecológica hacia la autóctona cabra montés, ya que estudios recientes sobre su alimentación muestran una marcada preferencia hacia pastos y pastizales, lo que le diferenciaría claramente de las tendencias tróficas de la hispánica; por otro lado, esta última está colonizando las sierras murcianas desde hace décadas, conviviendo con el arruí en algunas zonas, sin que haya constancia de desplazamientos por parte de la especie exótica.

Un estudio reciente, y otro que recoge datos de hace unos años, alertan sobre sus daños en la flora protegida de Sierra Espuña. Imagino que conoce estos trabajos. ¿No les da crédito?

Sí que les doy crédito; es más, me los he leído en profundidad y conozco el alcance de sus conclusiones, las cuales en ningún caso señalan que el arruí, por el mero hecho de ser una especie exótica, esté afectando a la biodiversidad de la comunidad vegetal. La densidad elevada de herbívoros puede poner en riesgo estas especies vegetales, por tratarse de las más palatables, y esto se ha demostrado tanto para arruís como ciervos y cabras monteses. Lo que hay que hacer es gestionar las poblaciones de ungulados adecuadamente. No estamos, pues, ante una prueba del carácter invasor del arruí, sino de que su comportamiento trófico en el matorral es similar al de otros ungulados autóctonos, aunque probablemente en menor medida al incluir en su dieta un mayor porcentaje de plantas herbáceas.

Usted defiende que se trata de una especie que, por tener preferencia por los pastos, puede ser incluso beneficiosa para mantener la diversidad de hábitats en mosaico. Es decir, que puede suplir el papel de la casi extinta ganadería extensiva en el clareo del bosque.

El comportamiento alimenticio del arruí es semejante al del muflón europeo –antepasado de las ovejas domésticas– o ungulados ya extintos como el uro –antepasado del ganado vacuno–, el tarpán –antepasado de los caballos actuales– o el bisonte europeo; especies ancestrales que probablemente fueron artífices del paisaje heterogéneo propio de los campos mediterráneos. Posteriormente, en el Neolítico, estas especies salvajes se verían sustituidas por sus descendientes, ya gestionados como ganado en extensivo, los cuales ayudarían a mantener esta diversidad paisajística hasta nuestros días. Lamentablemente, en la actualidad este paisaje diverso, el cual lleva asociada una gran diversidad biológica, se encuentra en grave riesgo de desaparecer por el abandono de actividades agrícolas y ganaderas en extensivo. Es por ello por lo que algunos investigadores no descartamos un papel positivo de una especie herbívora como el arruí –y el muflón– en el mantenimiento del desbroce de los montes y los paisajes en mosaico, lo que, como efecto secundario, podría conllevar una protección natural ante el avance de los incendios.

Es curioso que usted defienda al arruí pero sin embargo el Ministerio cita numerosos estudios suyos para justificar su carácter invasor y dañino para la biodiversidad autóctona.

Es curioso, efectivamente, pero sobre todo descorazonador. El dictamen del Comité Científico que asesora al Ministerio, en respuesta a una solicitud enviada por la Federación de Caza de la Región de Murcia de cara a que se descatalogue al arruí como invasor en el Sureste peninsular, cita varios artículos míos y de otros colegas para justificar el mantenimiento del arruí como especie invasora. Es decir, perjudicial para el mantenimiento de la biodiversidad autóctona. Sin embargo, las conclusiones a las que llega el Comité se fundamentan en interpretaciones erróneas de la información obtenida en dichos artículos. Junto a Alfonso San Miguel, de la Universidad Politécnica de Madrid, y Jordi Bartolomé, de la Universidad Autónoma de Barcelona, enviamos un escrito de réplica al dictamen, pero no fue tenido en cuenta por el Comité, que mantuvo inamovible su postura original de que el arruí ha de ser considerado invasor en todo el territorio nacional.

Usted defiende que el medio natural debe gestionarse sin complejos, y que la convivencia con especies de origen exótico puede ser beneficiosa, del mismo modo que con la flora hay menos prejuicios sociales y científicos. ¿Dónde poner entonces el límite?

En la ciencia. En los datos de campo registrados de forma sistemática y rigurosa, según las metodologías utilizadas en la ciencia de la Ecología. Solo así podremos saber y afirmar si una especie, por muy exótica que sea, es ciertamente perjudicial –invasora– o no. En muchas ocasiones, sin duda, nos faltan datos suficientes para aseverar una cosa u otra, y en esos casos es bueno ser prudentes y dejarnos llevar por el peor escenario, gestionando las especies exóticas con prudencia y, si se trata de poblaciones recién llegadas, plantear su captura y erradicación. Pero en casos como el del arruí, una especie asentada desde hace medio siglo en el Sureste ibérico, que probablemente esté ocupando un nicho abandonado hace milenios por otros ungulados extintos, y que no parece mostrar un comportamiento más incisivo sobre el medio que el de otras especies de ungulados autóctonos, plantear su erradicación puede resultar más perjudicial que beneficiosa, no solo económicamente, sino incluso para la comunidad vegetal en la que habita.

A su juicio, ¿es por tanto el arruí un animal invasor en las sierras del Sureste? ¿Debe ser excluido del catálogo?

Junto a otros colegas especialistas en herbivoría de ungulados, yo propondría que el arruí fuera calificado como especie exótica invasora en la isla de La Palma –aquí no hay ninguna duda, la flora macaronésica no está adaptada a la presencia de ungulados herbívoros–, mientras que mantendría las poblaciones presentes en el Sureste peninsular, aunque gestionadas adecuadamente, por medio de una caza sostenible, de tal manera que no se promoviese su crecimiento por ejemplo con el aporte de alimento suplementario, y estableciéndose un seguimiento periódico de sus poblaciones.

La cabra montés ya se ha instalado en Sierra Espuña. ¿Esto significa que puede convivir con el arruí sin problemas, o debe interpretarse como un motivo más para prescindir del Ammotragus lervia?

Nuestra hipótesis actual es que ambos ungulados pueden convivir porque sus requerimientos alimenticios son diferentes. Creemos además que su incidencia en la comunidad vegetal es complementaria, contribuyendo a un aumento de la diversidad del ecosistema.

¿El futuro del arruí debe depender solo de motivos científicos o biológicos, o hay que atender también a razones sociales o económicas? El Gobierno de Murcia, haciendo suyas las reivindicaciones de los cazadores, apuesta por la especie como un activo económico y turístico…

Yo siempre apostaré en primer lugar por el beneficio medioambiental; si se demostrara que el arruí es perjudicial para el ecosistema y las comunidades vegetales del Sureste español, yo sería el primero que abogaría por su erradicación, por muy atractivo que pudiera ser a nivel cinegético o turístico.

¿Considera un error apostar por la erradicación del arruí?

En base a los conocimientos que sobre su biologia y ecología tenemos en la actualidad, considero sin ninguna duda un error erradicar las poblaciones del Sureste peninsular.

Miguel Ángel Ruiz para laverdad.es


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