Este hombre supera toda adversidad para poder seguir cazando

23 julio, 2019 • Noticias de caza

Juan Manuel Vicens perdió hace 23 años un brazo y quedó tetrapléjico tras un fatal accidente en un poste de alta tensión

Con las esperas de jabalí dice sentir un estado de euforia que «me permite seguir viviendo»

Redacción | Todo comienza con una foto en redes sociales. Un hombre en silla de ruedas aparece con su perra y un jabalí abatido a sus pies. Es así como nos acercamos hasta Juan Manuel Vicens, quien atiende a Cazaworld desde su casa en Oliva (Valencia). Este cazador valenciano de 40 años descuelga el teléfono con voz tranquila y serena.

Comienza una amena conversación en la que el hombre relata con pelos y señales todo lo que el entrevistador cuestiona.

Para empezar, el cazador explica que su afición por la actividad cinegética le viene desde pequeño, casi antes de nacer. «Lo llevo en el ADN, mi abuelo era cazador y vivía de lo que cultivaba y de lo que cazaba, y de ahí a mi padre del que yo lo heredé».

Accidente y recuperación

Sin embargo, la vida de Vicens dio un vuelco inesperado. Hace 23 años, al trepar a un poste de alta tensión —cosas de la juventud, tal y como explica—, sufrió una descarga de 30.000 voltios que lo mantuvo en coma durante meses. Como resultado, Vicens perdió la movilidad de sus miembros inferiores y le amputaron el brazo izquierdo.

La mano derecha quedó maltrecha en el accidente. No obstante, este hombre se topó con un desconocido doctor llamado Pedro Cavadas, hoy conocido por sus ‘milagros’ en el mundo de la cirugía. Por aquel entonces, según cuenta Vicens, Cavadas sólo era médico adjunto.

Entonces, el cirujano consiguió sanar las quemaduras que había sufrido el cazador y consiguió reconstruir la mano derecha. De esta manera, Vicens volvía a tener movilidad en el miembro que aún le quedaba. No obstante, está fue una ardua lucha que duró cinco años, cinco años en los que Juan Manuel no pudo salir a cazar debido a que su afectada mano y su movilidad no se lo permitían.

Fue a raíz de la reconstrucción de esta extremidad cuando pudo volver a empuñar una escopeta. Si bien el proceso fue duro tal y como relata a este medio. «Hubo un proceso duro de adaptación entre cuerpo y arma. A través de los años con esfuerzo, ingenio y superación he conseguido volver a practicar mi afición y mi forma de vida. De una manera diferente a la que lo hacía anteriormente, careciendo de unas piernas y un brazo; tratando de encontrar el equilibrio perfecto entre un arma de fuego y un cuerpo lisiado», detalla.

¿Y cómo se encuentra ese equilibrio?

Según narra el cazador, necesita de su medio de transporte que no es otro que su silla de ruedas a motor eléctrico. En esta silla lleva una sujeción alrededor del pecho que le mantiene firme en el asiento. «Me permite estar sujeto y mantener el equilibrio y la escopeta, ya que las personas tetrapléjicas carecemos de movimiento, sensibilidad y apoyo», explica detalladamente. Además, en esta misma silla, según el cazador, ha instalado un trípode en forma de T que le permite apoyar el arma.

Por otra parte, hablando del arma que Juan Manuel utiliza para salir a cazar, cabe reseñar que la empuñadura de la escopeta está adaptada para conseguir un mejor agarre. El cazador hace en este punto especial mención a su culatero, Batano, quien con su trabajo le permite seguir saliendo a disfrutar de la caza.

Salidas al campo

Este hombre, ejemplo de perseverancia y coraje, explica a este medio que no concibe la caza de otra manera que no sea practicándola en solitario. «A pesar de la insistencia de muchos amigos y compañeros por acompañarme, yo contemplo la caza practicándola en solitario; pese a mis adversidades».

Además, narra con soltura cómo con el paso de los años ha ido cambiando de modalidades y especies a cazar. Vicens cuenta a Cazaworld que ha practicado la caza de acuáticas, del zorzal, de la torcaz, de la tórtola…Y, sin embargo, desde hace dos años, hay otra modalidad con la que ha «descubierto un mundo».

Esa modalidad no es otra que las esperas al jabalí, motivo por el que hemos podido llegar a conocer la historia de este hombre. Vicens cuenta que vive en medio del campo por lo que según sale de casa no tiene lejos los puestos desde los que realiza sus aguardos. Explica, además, que es por este motivo por el que no hace falta que le ayuden demasiado a moverse hasta los apostaderos.

De las esperas al jabalí habla maravillas. «Me hace sentir un estado de felicidad y tranquilidad que jamás antes había sentido. El contacto con la noche, contemplando la luna, oyendo los pequeños ruidos que anuncian que un verraco está a punto de entrar al comedero… todo ello me provoca espasmos en las piernas, siento movimiento del miembro fantasma —es decir, siente como si moviese el brazo que perdió en aquel desgraciado accidente—, me dan palpitaciones en el corazón y siento un estado de euforia y de segregación de endorfinas que es lo que me permite seguir viviendo». Todo un alegato vital de este cazador.

Foto viral

¿Cómo fue la espera en la que consiguió abatir el ejemplar que se puede ver en la foto? Una imagen, que según cuenta Vicens, ha despertado un gran interés entre los compañeros de afición que lo han felicitado en masa.

Pues bien, según detalla —con gran detalle como durante toda la conversación—, aquel día llegó al puesto a las 21:30. Se colocó frente al lugar donde sabía que pasarían los jabalíes y se camufló entre las cañas y los carrizos con su silla.

Fue una de esas esperas largas en las que no logras discernir ningún movimiento. «A las 2 de la mañana se me cerraban ya los ojos», explica Juan Manuel. Sin embargo, algo lo puso en alerta. «Empecé a oír pequeños chasquidos entre las cañas, las ranas dejaron de croar, los grillos dejaron de cantar y deduje que se trataba del verraco detrás del que iba».

Y prosigue: «Aguanté la respiración y, de repente, entre las luces y sombras de la luna, apareció el jabalí mirando hacia los lados». El cazador aguantó pacientemente y «en el momento en que agachó su hocico para comer apunté al codillo sabiendo que es el lugar idóneo».

Por infortunio, no fue un disparo fulminante. «No cayó en el acto y comenzó a correr entre la maleza», narra el cazador. En esos momentos de incertidumbre y nervios, el cazador eligió una de las opciones menos acertada. «Me puse la linterna frontal en la cabeza y el cuchillo en la boca, y empecé a rastrear al jabalí. Al final lo encontré a 15 metros, y, aun con un tiro certero el animal mostró señales de un último aliento».

El cazador esperó y terminó atando la cuerda que siempre lleva al animal por un extremo y por otro a su silla. De esta manera, cuenta que llegó hasta su casa portando al animal con la cuerda. Así dio fin a la espera de manera satisfactoria con un buen lance y una bonita historia que contar.

Proyectos de futuro

Juan Manuel cuenta a Cazaworld que está a la espera de publicar un libro con todas sus vivencias. Con él espera poder ayudar a otra gente, contando su historia de superación.

Además, no se queda ahí y ya piensa en otro proyecto: llevar la historia de su vida al formato de película. Con los beneficios que pudieran aportar libro y película, quiere costearse una nueva silla que le permita vivir la caza de una manera más cómoda y activa.


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