Voces de caza

Entrevista al cazador Eduardo Pompa

18 agosto, 2012 • Entrevistas, Sin categoría

Un Ingeniero Técnico Forestal, Eduardo Pompa Cartas que se moja por la caza, como representante de la Asociación Nacional Jóvenes por la caza y que vive en Madrid.  Iniciado en la caza como morralero, esta es su historia:

¿Qué modalidad de caza practicas?

¡Es más sencillo enumerar aquellas que no practico! La verdad es que soy un apasionado tanto de la caza menor como mayor, pero si tengo que enumerar algunas, serán aquellas que más me entusiasman como: la caza de perdiz con perro de muestra, la caza de palomas y tórtolas en puesto fijo, el corzo en rececho o el jabalí en espera.

¿En que zonas cazas?

Las dos modalidades de caza menor, anteriormente mencionadas, las practico en el coto de caza menor del pueblo donde resido. El corzo en rececho en un coto privado de la Sierra del Alto Rey en Guadalajara y, las esperas de jabalí, tanto en Guadalajara como en otros cotos de Madrid.

También me gusta acudir a algunas monterías y ganchos de jabalí en compañía de buenos amigos.

Eduardo PompaArmas de caza: Para la menor utilizo habitualmente una semiautomática marca Franchi y en la caza mayor ando a caballo entre un Ceska y un Heckler & Koch.

¿Por qué las tienes?

La semiautomática fue un regalo en mi 18 cumpleaños y la verdad es que, desde entonces, no he podido separarme de ella. Me he acoplado estupendamente a su encare y no quiero otra.

En cuanto a los rifles, uso el Ceska pues es un rifle de cerrojo en calibre 3006, que me permite cazar cualquier especie que habite en la península ibérica sin problemas y al cual he cogido mucho cariño, porque con él que me inicié en la caza mayor. Por otro lado, el HK es un semiautomático en calibre 7×64, que he adquirido recientemente y con el cual estoy en fase prueba; es el modelo 940 que ya no se fabrica, con acerrojamiento semirrígido por rodillos como el mítico Cetme: me encanta.

Años en la caza:

Con permiso de armas desde los 14 años, tengo 30, así pues si no echo mal la cuenta son 16, aunque yendo de caza muchos más, ya desde muy pequeño acompañaba a mi padre y mi abuelo en sus jornadas cinegéticas.

¿Cómo te iniciaste en la caza?

Creo que cómo se han iniciado la mayoría de los cazadores de este país: acompañando como buen morralero a mi padre y a mi abuelo.

Inicialmente, seguía los pasos de mi padre para cazar liebres con los galgos que criábamos en casa. Después comencé a realizar mis primeros disparos al zorzal en puesto fijo en un coto de la Sierra de San Vicente, en Toledo. De aquellos años guardo muy buenos recuerdos ya que tuve la suerte de poder cazar con mi padre y dos de sus hermanos: mis tíos Eduardo y Paco, dos primos de mi padre, mi primo David y mi amigo César. Afortunadamente, sigo compartiendo muchas de mis jornadas de caza junto a ellos.

¿Tienes perro de caza?

Sí. Tengo cuatro: Kira, un cruce de pointer y bretón de 11 años de edad; Mora y Rubia, dos podencas andaluzas de 5 años; y Dora, la más pequeña y mimada de la casa, una pointer de 4 meses que estoy seguro tomará el relevo de Kira.

¿Puedes contarnos el momento más emocionante que has vivido en la caza?

La verdad es que me pones en un verdadero aprieto. Es difícil escoger uno porque tengo innumerables buenos momentos vividos junto a amigos, familiares etc.

Sin embargo, recuerdo con mucho cariño un lance junto a mi perra Jara, una bretona que falleció hace bastantes años. Sucedió en el coto en el que actualmente cazo: tras varias horas de caza, la perra mostró un conejo en el talud de un arroyo. Inmóvil, desde la orilla, intenté poner a prueba a mi perra y decidí probar cuánto era capaz de aguantar la muestra; no recuerdo si fueron veinte segundos o cinco minutos pero, para mí, fue eterno.

Eduardo Pompa

Tras ese instante, en el que pareció pararse el tiempo, saltó un conejo del tomillo que mostraba Jara. Disparé al conejo y fallé, repetí la misma operación volviendo a errar y, con el último cartucho que portaba mi semiautomática, conseguí revolcar aquel orejudo. Mientras Jara corrió a mi orden para cobrarlo, introduje un nuevo cartucho en la recámara y pulsé el botón para cerrar el cerrojo del arma.

Con el ruido del cerrojazo se levantó una perdiz que había permanecido aplastada en la ladera opuesta y a una distancia bastante considerable, y con el único cartucho que había introducido en mi escopeta, conseguí abatirla. Jara depositó el conejo que ya portaba en su boca a mis pies, cruzó el arroyo, cobró la perdiz y volvió a depositarla en mis pies junto al conejo, se sentó y me miró a los ojos esperando que volviésemos a iniciar la marcha. No pude hacerlo sin antes darle un millón de besos.

¿Qué sueño te gustaría cumplir en el mundo de la caza?

Mi sueño es ver que todo aquel que se autodenomine amante de la naturaleza se comporte como tal dejando a un lado intereses políticos o de otra índole.

¿Qué harías tú para mantener la caza entre la juventud?

Creo que hay que divulgar la imagen del verdadero cazador. La gente que no respeta la caza es porque desconoce sus beneficios tanto para la gestión de las especies como para el desarrollo económico rural.

Muchos de los jóvenes que muestran un mínimo interés por la caza son marginados por sus propios compañeros de clase.  Compañeros, muchos de ellos, urbanitas de padres igualmente urbanitas, desconocedores de la realidad del campo español que creen a pies juntillas lo que sucede en las películas de Disney.

Los ecologistas siempre están cargando contra la práctica de la caza.  Imagínate que tienes a uno delante, ¿qué le dirías para defender la caza?

Soy consciente de que no todos los ecologistas están en contra de la actividad cinegética. Para los que si lo estén, les animaría a profundizar en el estudio de la gestión de la fauna salvaje. Indudablemente lo anterior es inviable sin tener en cuenta la caza.



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