Donald Trump quiere permitir el uso de atrayentes para cazar osos

23 mayo, 2018 • Noticias de caza

La medida de Trump intenta gestionar la población creciente de osos para frenar los ataques a personas y la presión sobre caribúes y alces.

Redacción | Rosquillas, beicon y osos en el ojo del huracán. En medio, dos presidentes norteamericanos: uno es Barack Obama y el otro, el actual, Donald Trump. Este último quiere terminar con la prohibición que impuso el primero en 2015 cuando para cazar osos utilizando atrayentes, cosa que dentro de dos meses podría autorizarse de nuevo.

En 2005, Alaska quería controlar la población de osos para evitar que se disparara y, a su vez, hiciese mella sobre la de alces y caribúes, que eran una de sus principales presas. Por ello, autorizó el uso de atrayentes para cazar osos. Diez años más tarde, el Servicio de Parques Nacionales prohibió esta medida bajo la presidencia de Obama. Los grupos ecologistas celebraron la noticia porque, entre otros motivos, se oponen a que se realice una gestión sobre esta y otras especies.

«Está científicamente demostrado el hecho de que la caza de osos es biológicamente sostenible y la herramienta más eficaz para mantener un equilibrio adecuado de sus poblaciones en relación con el hábitat disponible», afirmó el director ejecutivo de la Comisión para la Conservación de la Pesca y la Fauna de Florida, Nick Wiley. Hizo estas declaraciones en 2005 cuando se quiso frenar la expansión de osos negros, dado que se estimaba una población de 600.000 ejemplares en toda Norteamérica.

Sin alternativas

Hasta finales de julio se va a debatir la propuesta de Trump para autorizar el uso de atrayentes como rosquillas y beicon y la posibilidad de emplear perros para cazar osos negros. La ira se ha levantado en el seno de asociaciones animalistas que, según Wiley, «no ofrecen ninguna alternativa viable o eficaz» para controlar la creciente población de osos. Su caza se autorizaba además para intentar frenar la oleada de ataques de osos a personas que se han registrado. Así, la medida quería frenar los “encuentros entre osos y seres humanos”, que han crecido un 400 % en los últimos años en un Estado donde la población de plantígrados se ha duplicado desde 2002.

A juicio Wiley, no es posible trasladar a los a otros lugares, ya que no hay en Florida amplios espacios naturales donde no se puedan topar con el ser humano. Además, explica, los osos criados en libertad «no sobreviven en cautividad y hay pocas instalaciones dispuestas a acogerlos durante muchos años».


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