Cazadores que hacen de agricultores crean un millón de metros para alimentar a la fauna

6 febrero, 2018 • Noticias de caza

En esta campaña se han plantado 6.000 kilos de trigo, 2.500 de centeno y 3.500 kilos de veza, todas semillas no transgénicas.

Son las nueve de la mañana de un lunes. En una finca, junto al Museo agrícola El Patio, en Muñique, un tractor rotura la tierra para sembrar grano. Ni la finca es suya ni es agricultor. Es José Cubas, uno de los tres guardias de caza de la Nueva Sociedad de Cazadores de Lanzarote, que realiza esta actividad desde hace unos veinte años: siembran cereales (este año trigo, cebada y archita) en fincas abandonadas al cultivo, en llanos y en laderas de montaña.

La campaña comenzó en verano y debía haber terminado ya, si no hubiera sido por la escasez de lluvia. Lo hacen para que coman los animales: tanto las especies que se pueden cazar como las que no. “Se benefician tanto las especies cinegéticas como las salvajes y las esteparias”, señala Antonio Félix Fernández, que es guardia de caza pero también es delineante y, desde hace un año, presidente de la Sociedad de Cazadores.

El campo sembrado no solo proporciona alimento sino también refugio y un lugar para criar. Fernández destaca que hay más efectos positivos para el medio ambiente. Por un lado, un impacto positivo para el paisaje, (una finca sembrada frente a otra llena de aulagas) y por otro, un impacto sobre la retención de aguas y por tanto “de recarga de acuíferos, porque al roturar la tierra se hace más permeable y se favorece la filtración”.

En esta campaña se han plantado 6.000 kilos de trigo, 2.500 de centeno y 3.500 kilos de archita (veza), todas semillas no transgénicas. “A lo largo de los años vamos probando con otro tipo de semillas, recuperando en la medida de lo posible semillas típicas de la Isla especialmente adaptadas al entorno”, señala.

También destaca que es necesario combinar parcelas roturadas con otras sin roturar fomentando que aparezcan semillas naturales, y de paso para no concentrar a toda la fauna en el mismo lugar. En Lanzarote es la única Isla de Canarias donde se hace esto.

En Fuertevenura se hace a boleo en algunas gavias, pero en extensiones mucho menores al millón de metros cuadrados que se siembra en Lanzarote, de los que casi la mitad se hace en Yaiza, una cuarta parte en Tinajo, otra en Teguise, y el resto, repartido entre los otros cuatro municipios: 53.000 metros en Haría, 26.000 en Tías, 30.000 en San Bartolomé y 4.300 en Arrecife.

Los propietarios ceden los terrenos o firman una cesión para plantar y un permiso. La siembra la hace la Sociedad de Cazadores, mientras que el Cabildo entrega las semillas, cede el tractor y da una subvención anual de 50.000 euros.

Ese dinero no es solo para la siembra sino para el trabajo que hace la Sociedad, que cuenta con 1.440 socios activos, y en quien el Cabildo tiene cedidas las competencias de vigilancia de la actividad de la caza.

Pero los guardias, en la práctica, hacen más labores porque, ante la escasez de vigilancia en el campo (sólo hay dos agentes de medio ambiente del Cabildo para toda la Isla, el menor ratio de Canarias), se suman a la vigilancia en el territorio de Lanzarote.

Señala su presidente que recogen perros perdidos o abandonados, advierten de vertidos o basura, de desperfectos en el patrimonio… El objetivo de la siembra es dar de comer a la fauna para que los conejos o las perdices no tengan que ir a comer a las fincas cuya siembra tiene otro destino.

De esta forma, también se evitan las trampas y el veneno que ponen algunos agricultores para que los animales no entren en sus fincas. Las perdices se comen las uvas “y hacen tanto daño como el conejo”, señalan los guardias, que destacan que de esta forma se desplaza a esa fauna “donde no molesta” pero a su vez se atrae a otra fauna, principalmente aves. “Se aumenta la biodiversidad porque crían más”, dice Fernández.

Otro de los usuarios, Pedro Fernández, asegura que cuando se empezó a sembrar, el primer año, en El Islote no se veía ni un pájaro y ahora se ven muchos. Aseguran que en Los Ajaches se pueden llegar a juntar hasta 600 perdices, una docena de patos en Janubio, y que han aumentado los cernícalos, los alcairones y los halcones.

Las perdices, por su parte, se quedan en esos terrenos porque así pueden dar de comer a los perdigones, que comen insectos que aparecen por la siembra. “Sobreviven todos los pollos porque tienen alimento y refugio”, destaca el presidente de la Sociedad.

En los alrededores de Caldera Blanca se siembran casi 100.000 metros cuadrados. El año pasado se soltaron en esa zona 150 cabezas de ganado, que pueden pastar libremente, pero la caza se trasladó a otros lugares.

Los guardias de caza

La Sociedad de Cazadores cuenta con 1.440 socios que cazan, en distintas modalidades, conejo, perdiz o paloma, durante un periodo breve del año. Según explican desde la propia Sociedad, muchos cazadores de otras islas se trasladan a Lanzarote, principalmente desde Fuerteventura. Antonio Félix asegura que hay un alto porcentaje de cazadores que cazan por deporte y que sueltan después las piezas.

En Lanzarote hay tres reservas: Janubio-Montaña Roja, El Jable y Los Ancones, donde sólo se puede cazar con perro y hurón. Los guardias no están reconocidos como autoridad, por lo que tiene limitadas sus competencias. Están encargados de que se cumplan las normas, tanto de calendario como de las modalidades, de que los hurones lleven el sálamo (una especie de bozal) y de advertir a los cazadores que no abandonen a sus perros, una práctica de la que según la Sociedad, es responsable una minoría. “Somos los ojos del campo”, señala Antonio Félix.

Informa diariodelanzarote.com


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