El calor fulmina el primer día de caza en Galicia

16 octubre, 2017 • Noticias de caza

Un cazador da de beber a sus beagles / Basilio Bello

Las altas temperaturas y la prolongada sequía echaron por tierra las esperanzas de la primera jornada de caza menor en Galicia.

Cuando se inaugura el curso de caza menor los aficionados siempre temen la incomodidad de la lluvia. Ayer se sabía de antemano que las nubes no asomarían pero la alternativa resultó mucho peor. Las altísimas temperaturas, casi inéditas a estas alturas de año, echaron por tierra las esperanzas de la primera jornada de caza menor en Galicia. Muchos perros se rindieron, sedientos, antes de tiempo, y al viento se sumó en muchos punto la humareda de las decenas de incendios declarados ayer. Un día para olvidar.

En la provincia de Orense, donde hay que sumar la alarmante sequía de los últimos meses, se registraron escasas capturas e incluso se vio reducido el número de salidas de aficionados cinegéticos, aunque también hubo cazadores que regresaron con algunas buenas presas de conejo y perdiz en el mejor de los casos.

Los ourensanos volvieron a rozar las 9.000 licencias (una cuarta parte de toda la comunidad), aunque la lluvia será necesaria en los próximos días para regularizar el hábitat en los montes y sobre todo facilitar el rastreo de los perros, que ayer resultó prácticamente imposible por la falta de humedad.

No muy lejos, en la comarca de Deza, en el interior de Pontevedra, se repitieron las mismas condiciones y resultados. Las altas temperaturas y la sequía intensa hicieron que los perros anduviesen más que despistados, una situación que empeoró por momentos con rachas de viento sur, que desesperó a los cazadores.

En Silleda y en Lalín, los aficionados levantaron pocas piezas. El fuego que estos días había asolado una gran superficie del monte en la Serra do Candán se reproducía a primera hora de la tarde y se convirtió también en preocupación para los cazadores. En Lalín, pese al calor intenso que se vivió en la zona con temperaturas superiores a los 30 grados y un cielo cubierto de ceniza, los cazadores salieron en masa al monte a lo largo de la jornada. Algunos lo hacían aún poco antes de las siete de la tarde aprovechando que empezaba a refrescar. Se cazaron algunas perdices, que fueron soltadas en el tecor de Lalín hacía un mes y medio, y muy pocos conejos.

El faisán en la Costa da Morte

El arranque de la campaña en la Costa de la Muerte fue, por lo general, bastante flojo. El intenso calor, el viento y la perenne falta de agua, que comenzó en la primavera, perjudicaron especialmente a los cazadores de conejo, especie que es la más demandada por los aficionados de la zona. Los perros apenas fueron capaces de coger el rastro de las presas y la hemorragia vírica, en sus diferentes cepas, continúa haciendo estragos entre las poblaciones.

Algo mejor le fueron las cosas a los cazadores de faisanes y perdices, donde, por lo general, fueron capaces de coger los topes fijados por las sociedades cinegéticas repartidas en los 23 tecores de la Costa da Morte. Unos dos mil cazadores arrancaron ayer una campaña, que prevén pobre, si la lluvia no hace acto de presencia en breve, tal y como apuntó Rogelio Pereira, de la sociedad de caza San Miro de Malpica: «O cambia mucho el tiempo o la temporada del conejo se va a perder», dijo.

Lugo, «un fracaso»

En la provincia de Lugo varios cazadores confirmaron a este periódico que el primer día de caza resultó «un fracaso total» por el tiempo seco y el temporal, y con el que los perros tampoco aguantaban con la sed ni con tanto calor, así que tuvieron que hacer la jornada mucho más corta. Esta tónica se reprodujo en terrenos de Guitiriz, Pol y Vilalba. De hecho, en este último optaron por suspender el inicio y retrasarlo para la próxima semana confiando en las previsiones meteorológicas que avanzan temperaturas mucha más frescas y sobre todo más humedad y lluvias.

Fonti Jiménez es el único cazador gitano federado de Galicia / Santi Amil

El primer encuentro de Fonti Jiménez Montoya (Orense, 1974) con el mundo de la caza rompe todos los tópicos, porque hace dos décadas, el que era un joven gitano llegó a solicitar una licencia de armas para su flamante permiso, de la mano de un amigo Guardia Civil: «Don Luis Luna estaba de baja, éramos vecinos en el barrio –As Lagoas, en Orense- y nos llevábamos tan bien, que con el paso del tiempo terminé por comprarle el piso, cuando se marchó. Entonces solo hacía falta el certificado de Penales, lo pedimos a Madrid y como me vino limpio, empecé a cazar enseguida», relata el protagonista sobre el inicio de su afición.

No encuentra explicación lógica al hecho de que es el único cazador gitano federado en Galicia: «Supongo que es cosa de tradiciones o por lo que cuesta. En Castilla sí cazan con galgos y a caballo. Aunque no utilizan armas, por lo general, sí se ha animado alguno a probar. Aquí pregunté hace poco en Medio Ambiente y no hay ningún apellido de los típicos de nuestra etnia».

A lo largo de dos décadas, Montoya ha adquirido todos los tics de sus compañeros en cotos y peñas de caza, mientras ha vivido la evolución de las costumbres en su propia cultura: «Comencé a practicar en las zonas libres de la provincia, me cogí un mapa y me las aprendí todas. Después me afilié a la peña de Piñor (Barbadás), donde Sindo tiene todo muy bien organizado y ya a partir de agosto es raro que me pierda un sábado, sobre todo desde que también estoy en la Peña de Allariz, que dirigen Paco y Julio. Lo mejor de la caza es conocer buenos amigos. Si pillas algo, bien. Y si no, una buena comida».

Informa lavozdegalicia.es


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