Balística interna 3ª parte

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Desarrollo de los pasos en el proceso de conversión de la energía:

Al deflagrar la pólvora y descomponerse, genera una gran cantidad de calor dentro del cartucho motivado por la combustión de la misma. Este fenómeno es un proceso químico.

Seguidamente, al generarse una gran cantidad de calor da lugar a crear altas presiones dentro de la recámara del arma, empujando al proyectil o punta a liberarse o desprenderse de la vaina e iniciando el movimiento de rotación propio. Siendo este proceso un fenómeno térmico-dinámico.

El siguiente  paso es, cuando la presión que provocan los gases generados hacen que empujen a la punta  creciendo la aceleración de la misma hacia la dirección de menor obstáculo o resistencia, que es la boca de fuego del arma. Hemos de clasificar este proceso como físico. Como resultante notaremos un retroceso o taconazo del arma hacia nuestro hombro.

La pólvora sigue quemándose generándose más presión y haciendo que el proyectil salga a gran velocidad por la boca del cañón del arma. Una vez que finaliza el quemado de la misma se interrumpe la emisión de los gases, mientras la punta continúa su desplazamiento por el cañón. Se han generado, por tanto, dos fenómenos o procesos la combustión de la pólvora y la expansión o desplazamiento del proyectil. Por tanto diremos que un cartucho bien equilibrado sería aquel que la pólvora haya finalizado la combustión en un determinado punto del ánima, antes de ser abandonada por el proyectil. A este punto se le denomina en balística PEC (punto de estricta combustión). En caso de que no sucediera así y el proyectil o punta la abandonara antes, quedaría pólvora residual o pólvora que no ha llegado a quemarse dando lugar a un problema de quemado con lo que conllevaría a una serie de desajuste en la balística exterior, dando como origen a una combustión insuficiente o incompleta.

En el punto de estricta combustión (PEC), cuando se da muy cercano a la recámara generará menor presión en la boca de fuego. Será menor el efecto sonido que se ocasione y así como menor será la generación de llamas. También se quemará dentro del cañón toda la pólvora. Si fuese en caso contrario y el PEC se diese muy próximo a la boca de fuego se podrían generar  elevadas presiones en una zona no apta para ello, dando como origen incluso la dispersión del tiro en algunos casos.

La carga que ha de llevar el cartucho ha de ser la marcada dentro de una horquilla de valores o tablas según tipo de pólvora y proyectil. Un exceso de presión daría lugar a un gran problema con el consiguiente riesgo de una rotura del cañón y/o recámara de nuestra arma generando, en la mayoría de los casos, daños irreparables para el arma y para nuestra salud. Por lo que, la presión que debe soportar el arma es la estipulada por el fabricante de la misma, como digo en base a tipo de cartucho, calibre y carga del mismo.

Viento balístico, se da cuando esos gases iniciales sobrepasan a la punta o proyectil, tomando delantera al mismo y se liberan antes, saliendo primero por el cañón del arma. Este fenómeno da origen a un trastorno en el arma, facilitando la entrada del proyectil en el espacio libre que, al seguir impulsado o empujado por los gases que se han generado da como resultante  un incremento en su aceleración originando su máxima velocidad. Llegando a esto, gases y proyectil o punta tienden a romper la barrera del sonido, originando el sonido tan peculiar que ocasionan las mismas. La pólvora restante produce el fogonazo característico que todos vemos seguidamente.

Cuando la punta o proyectil sale fuera del cañón, hay una liberación de los gases mezclándose en el exterior con la atmósfera. Dando como origen  una notable disminución de presión en el interior de nuestra arma. El resultado es el empuje que se genera por los gases que han quedado o remanentes, forzando al carro en el caso de armas semiautomáticas a desplazarse e iniciar el proceso de apertura. En estos momentos el cartucho ha vuelto a una temperatura algo más estacionaria (aunque no a la temperatura de reposo o inicial), recuperando algo su forma primitiva, anterior a la deflagración para así poder llevar a cabo la expulsión del mismo al exterior, donde la uña extractora  engancha al surco del cartucho y procede a sacarlo fuera del arma. A través de un segundo elemento denominado expulsor, que es el que hace que lo lance por la ventana de expulsión. En caso de armas articuladas, la extracción es automática al abrir el arma o manual si no posee expulsores.

Rafael Martín Díaz: Entrenador Nacional de Tiro Olímpico

 



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