Aumentan los permisos de caza para evitar los daños al campo

6 abril, 2018 • Noticias de caza

Campo agrícola afectado por los conejos.

La superpoblación de jabalíes afecta a las comarcas de Sobrarbe y Ribagorza, donde la Federación de Caza de Huesca ha solicitado más permisos para poder cazar esta especie.

El ganadero de Sesué Juan Manuel Lamora, descubrió ayer por la mañana que tres campos de pastos que tiene en la localidad próxima ribagorzana de Villanova estaban totalmente destrozados por los jabalís. Con todo, no le sorprendió porque no es la primera vez ni el único lugar en el que le sucede. Tampoco el suyo es un caso aislado y, de hecho, las organizaciones agrarias Uaga y Asaja ya han pedido medidas el Gobierno de Aragón para evitar los daños. Por el momento, la caza es uno de los remedios y ha aumentado la petición de permisos especiales para combatir la superpoblación, según informan desde la Federación de Caza de Aragón.

Sobrarbe y Ribagorza son las comarcas más afectadas por los destrozos que causan los jabalís en los campos de forraje y es allí principalmente donde se están solicitando estas licencias que concede el Gobierno de Aragón. A pesar de que la temporada de caza mayor acabó el último domingo de febrero, el problema continúa. Miguel Ángel Claver, delegado en Huesca de la Federación de Caza, asegura que se han solicitado más permisos porque, aunque se ha cazado más durante la temporada en muchos cotos de montaña, hay mucha población de jabalís. «El monte cada día está más abandonado porque cada vez hay menos ganadería extensiva, por lo que el jabalí no tiene competencia para encontrar comida», comenta.

Además, las últimas nevadas, según denunció Asaja, acentuaron los datos de la fauna salvaje en los campos de cultivo por la «imposibilidad» de encontrar alimento en el monte, de forma que muchos han llegado a fincas agrícolas. En el caso del Pirineo, los jabalís dañan los campos sembrados de forraje y esos surcos que abren en el terreno con el hocico dificultan las posteriores labores de siega, detalló. Asaja también resaltó recientemente que las grandes manadas de corzos y cierzos pueden llegar a acabar con parcelas enteras. Por ello, reclama medidas para evitar los «elevados» daños que causa al campo la fauna silvestre, entre las que propone la ampliación de los periodos de caza y el control de la natalidad de esas especies.

En este mismo sentido fueron también las denuncias de la organización Uaga, que se reunió con el Gobierno de Aragón. En este caso, no solo que quejaban de los daños del jabalí en el Pirineo o los campos de cereal sino también de los causados por los conejos con los frutales del sur de la provincia. El jefe de Servicio les aseguró que el Gobierno aragonés está impulsando la caza como mejor método para acabar con los daños y consideró que el Plan de Caza es una buena herramienta, que permite permisos excepcionales y amplía periodos hábiles para cazar, así como técnicas y especies, algo que debe contemplarse en el documento al inicio de cada temporada cinegética.

De hecho, una veintena de cotos de caza de Sobrarbe habían planteado la posibilidad de ampliar 15 días la temporada de caza, algo para lo que es necesario aprobar un decreto, cuya elaboración se prolongaría seis meses, según explicó el secretario provincial de Uaga en Huesca, Joaquín Solanilla.

El propio Juan Manuel Lamora pidió recientemente a un cazador que fuera a la espera, con un permiso especial, a una zona donde tiene campos. Ahora, asegura, tendrá que solicitar otro permiso para hacer lo mismo en Benasque. En Eriste incluso se encontró un jabalí muerto en el campo.

Con todo, «aún así no se soluciona porque hay muchísimos. Realmente no sé qué solución habrá que adoptar», comenta Lamora. La salida definitiva no la conoce pero las consecuencias de los destrozos sí, porque ahora tendrá que sembrar de hierba, con el gasto que conlleva, esos tres campos de Villanova que encontró ayer destrozados.

Juan Manuel Lamora también se ha dado cuenta de que sus campos sufren más destrozos que otros y entiende que la razón es que los abona con estiércol para tener una mayor calidad de hierba y, por ello, los prefieren. «Ahora van mucho a comer raíces porque el otoño y el invierno han sido secos y apenas tienen comida como bellotas o avellanas», comenta. De ahí, que los campos se queden como si los hubieran labrado, con surcos de varios centímetros.

Como consecuencia, ya se están planteando que, si la situación sigue igual, tendrán que subir unas 100 vacas menos al Valle de Estós «porque no habrá pasto suficiente». «Allí nos han levantado los campos más llanos», denuncia. Normalmente, de todo el valle llevan a la montaña 800 vacas y más de 400 terneros entre junio y octubre.

Informa Elena Puértolas para diariodelaltodearagón.es


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