Alegrías caninas.

29 noviembre, 2010 • Miscelánea

Los amantes de la caza menor con perro, me entenderán al decir, que una jornada en la que no caces nada, y apenas veas caza, puede ser muy satisfactoria en cuanto al trabajo perruno se refiere.

La mañana comenzaba, digamos, bien. Nada más empezar, vi un conejo agazapado entre unas hierbas. Conejo esté, que consiguió salvarse, gracias, entre otras cosas a mi novatada. La perra, llevaba el rastro, iba caliente, rabeando, aunque todavía andaba dando vueltas un poco alejada. Yo, que ví al lagomorfo justo cuando iba a pisar las hierbas, en vez de quedarme quieto, continue la pisada provocando la huida de éste, por el lado contrario al que estaba la perra.

Cometí el grave error de adelantarme al animal, que estaba trabajando para obtener su recompensa.  Esto, provocó una larga y dura jornada de lamentaciones ante mi error. Para la próxima vez, ya sé que hacer, de todo se aprende.

Continuamos la mañana, y la perra se comportó fenomenal. En esta ocasión no saqué al perro, ya que quería ver como se comportaba la cachorra de manera individual. Y la verdad, es que me llevé una grata sorpresa y una gran alegría.

A lo largo de la jornada, la perra se topó con una paloma zurita que estaba herida de ala. Consiguió escaparse de las fauces de la perra en tres ocasiones, y en la última, consiguió que la perra se cayese por un barranquillo que acababa en un arroyo. El cobro, no se culminó como debiese, pero al menos, la perra mordió caza, lo que le dará confianza en ocasiones venideras.

Poco después del numerito que montamos en el arroyo, la perra dio con otra paloma zurita. Esta vez, la encontró muerta, pero aún estaba caliente.  Debía haber caído hace poco. Y tras llamarla un par de veces, me acercó la pieza, si bien es cierto que no me la entregó en la mano, me la dejo a un metro del suelo. Yo nunca había enseñado a cobrar a la perra, y era una alegría que por ella misma lo hiciese.

Cuando ya nos pesaban las piernas, después de llevar gran cantidad de barro pegado a las botas toda la mañana, decidimos irnos hacia casa y dar por finalizado el día de caza. En el recuerdo, los avances de la cachorra, que tantas alegrías espero que en un futuro me de.



Artículos relacionados


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *