Todo comenzó en mayo de 2011, cuando por encargo de David, me dijo que quería cazar un macho montés en Sierra Nevada conmigo. Me puse manos a la obra y se lo organicé en poco tiempo, pues tengo permisos y cotos en esa zona para cazarlos a rececho.
Llegado el día recogemos al guarda en el pueblo sobre las 8:15 de la mañana y tras una pequeña charla ponemos rumbo al coto, comentando el día que se apreciaba y se avecinaba.
Nos vamos preparando con los prismáticos para escudriñar los riscos y panderas que nos vamos encontrando por la subida hacia el refugio, dónde haremos noche y cuartes general del rececho. En la subida ya vamos viendo cabras con algunos machetes y algún que otro macho que nos hace prestarle atención por el trofeo que porta. Una vez llegamos al refugio de caza, dejamos todos los menesteres de los días de caza y más, mientras nos preparan un tentempié.
Decidimos acercarnos a una zona de riscos dónde localizamos un ejemplar digno de ser observado. Una vez cerca del sitio del avistamiento, nos paramos y observamos hasta localizarlo y comprobar que era un buen trofeo, para hacerle la entrada y dicho y hecho, hasta ponernos a unos 250 metros de él. Le dije al cazador que se preparara y con tiempo, pues el macho aunque estaba solo, no nos extraño demasiado.