Cazando con los extremeños
Publicado por J Carlos Calvo, el 17 de enero de 2011
En la puerta de una espectacular finca toledana, me esperaban impacientes por empezar a cazar. Como siempre, tras los saludos pertinentes, nos preparamos anímicamente para la dura jornada de caza que nos esperaba.
El terreno, que además de escarpado estaba acompañado de intensa vegetación, provocó que tuviéramos que dar más voces de las debidas para situarnos correctamente.
Los perros, ocultados tras la vegetación, estuvieron al principio de la jornada de caza algo más descontrolados de lo habitual, corriendo de aquí para allá, sobre todo mi cachorrón Atila, que con tanta ladra no hacía más que ir de aquí para allá.
La mañana, a ratos intensa, a ratos aburrida estuvo presidida por un tiempo que no pudo ser mejor, de ahí que se prolongase durante algo más de seis horas.
Los perros enlazaban lance tras lance, pero los cazadores, observaban desde cerca sin poder hacer nada. Los conejos a esta altura resabiados, junto con la abundante maleza, ponían su pellejo muy caro.



