
Hacía bastante tiempo que el amo no me sacaba, y es que, tras el día que me pasé la gran parte de la jornada tras él, en los terrenos arados de Toledo no me había vuelto a sacar, aun habiendo ido tres o cuatro días de caza.
Poco a poco, parece que el amo está más contento conmigo y es que, en el pasado puente de diciembre me ha sacado dos días casi seguidos y yo he cumplido, como cachorro, pero he cumplido. Este amo… No tiene punto medio. ¡Cómo se nota que las agujetas no las sufre él!
Resulta que el sábado tuve la oportunidad de cazar en un coto de Toledo, en el que no pare de subir, de bajar, de ir para aquí, de ir para allá… El amo, acabó muy contento, y aunque el trabajo de los perros no se vio debidamente gratificado, su compañero, pudo abatir un conejo que salió gazapeado de un chaparro en el que acabábamos de entrar un bretón y yo. El día fue duro, hacía mucho aire, que nos desconcertaba tanto a mí como a los demás perros, y el suelo, estaba nevado en algunas zonas. ¡Vaya frió que pasé!