Es curioso lo que los
niños pequeños te hacen reflexionar a veces. El otro día pensé en la siguiente historia, basada en un hecho real: En una capital americana hubo un problema mayúsculo cuando un
camión de una altura considerable se metió en un túnel más bajo de lo que el conductor pensaba y el camión quedó, literalmente, atascado, atrapado, haciendo de freno al tráfico.
El accidente comenzó a tomar tintes apocalípticos, ya que llegaron la policía, los bomberos, protección civil y por poco no llega la Guardia Nacional. Pasaban los minutos y no eran capaces de sacar el dichoso camión. Se plantearon todo tipo de opciones, desde una grúa gigante que tirase a capón del camión, hasta hacer volar el camión de manera controlada, ya que pensaban que el túnel estaba muy dañando. A todo esto una pequeña niña, desde el cordón policial observaba la situación, con una mano levantada, estilo colegio. Nadie la prestaba atención. La insistencia de la moza fue tal que al rato uno de los jefes de bomberos le dijo, “¿Qué quieres decirnos, amiga?”. Y la niña, sin quitar la sonrisa de la cara dijo: “Me estaba preguntando, si no sería posible, deshinchar las ruedas del camión y así se podría sacar, ¿no?”. Alucinante verdad.