Un perro y sus consecuencias... por José Manuel Redondo
Publicado por admin, el 9 de enero de 2012Como siempre he tenido perras, el caso es, que yo, lo que se dice querer, quería una perra… Al menos, eso era lo que creía que me traerían ese día pero, mira tú, por donde, en aquel parto sólo nació una perra y se la quedó el dueño de la madre… Por ello, lo que me pusieron en las manos fue: ¡UN PERRO! (dicho sea en el sentido mas peyorativo del término).
Todo tuvo su origen aquél domingo, en el coto, donde me presenté a cazar sin mi “compañera” de los últimos siete años… Les expliqué, con un nudo en la garganta, que había fallecido (victima de su leucemia) y que, por ello, en adelante, cazaría sin perro… De todos los componentes de la cuadrilla recibí, en aquél momento, ofrecimientos de hipotéticos cachorros… El único viable, resultó ser el de Luís, que hacía mes y medio, había cruzado su braco alemán, con una perra de la misma raza –propiedad de un amigo suyo- y esperaban el parto para finales del mes en que estábamos. Yo, que nunca he sabido cazar sin perro y, por tanto, era terreno “abonado”, me dejé convencer y quedé con él en que me traería una perra, la más bonita de la camada… ¡Que lejos estaba yo de saber lo que se me venía encima!.















