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Entradas archivadas para la categoria "Diario de Atila"
Cazadores y perros: Sobresaliente día de caza
Publicado por J Carlos Calvo, el 3 de enero de 2011
Aunque me cueste reconocerlo, por eso de ser perro con mucho carácter, sé que esos perruchos me dan varías vueltas en todos los sentidos, pero sé que con el tiempo les acabaré comiendo terreno.
¡A lo que iba, que me pierdo! Tras un vomitivo viaje, llegamos a ese terreno, tan abrupto, tan bonito, tan cargado de olores… En él la caza no mana del suelo, es caza dura, de la que hay que trabajar. Los conejos, resabiados como en ningún otro lugar, nos hacen echar la gota gorda hasta que conseguimos levantar alguno, pero una vez lo sacamos, la satisfacción es máxima. En pocas palabras, es una maravilla.
Guardado en nuestras retinas, quedó el conejo que saco Fauna, una perrilla muy bonita, pequeñaja, y con una nariz exquisita, que al amo le tiene fascinado y que se entretuvo con un conejo hasta conseguir sacarlo. Tras realizar José un disparo fallido, corrimos el conejo por toda la ladera, consiguiendo volcarlo hacia donde se encontraban los mandamases. José, esta vez no perdonó y consiguió abatirlo.
Cazadores y perros: buen puente.
Publicado por J Carlos Calvo, el 13 de diciembre de 2010
Hacía bastante tiempo que el amo no me sacaba, y es que, tras el día que me pasé la gran parte de la jornada tras él, en los terrenos arados de Toledo no me había vuelto a sacar, aun habiendo ido tres o cuatro días de caza.
Poco a poco, parece que el amo está más contento conmigo y es que, en el pasado puente de diciembre me ha sacado dos días casi seguidos y yo he cumplido, como cachorro, pero he cumplido. Este amo… No tiene punto medio. ¡Cómo se nota que las agujetas no las sufre él!
Resulta que el sábado tuve la oportunidad de cazar en un coto de Toledo, en el que no pare de subir, de bajar, de ir para aquí, de ir para allá… El amo, acabó muy contento, y aunque el trabajo de los perros no se vio debidamente gratificado, su compañero, pudo abatir un conejo que salió gazapeado de un chaparro en el que acabábamos de entrar un bretón y yo. El día fue duro, hacía mucho aire, que nos desconcertaba tanto a mí como a los demás perros, y el suelo, estaba nevado en algunas zonas. ¡Vaya frió que pasé!
Una de cazadores y perros: Vaya martirio
Publicado por J Carlos Calvo, el 22 de noviembre de 2010
Era un domingo, y el amo había quedado para cazar un terreno libre de Toledo con sus amigos Jesús, el padre de éste, Julián y el “artista andalú”, Juan. La mañana prometía, en el trayecto de ida, se veía mucha caza, y los bandos de palomas eran continuos. Parecía que nos íbamos a divertir de lo lindo.
Una vez nos soltaron, fue cuando me llevé la ingrata sorpresa. Vaya terreno… Yo siempre había salido en terreno firme, con más o menos espesura, y me llevan allí. Vaya sensación más rara, se me hundían las patas en la tierra, me costaba muchísimo andar, conclusión, aquel terreno no está hecho para mí, al menos en aquellas condiciones. Iba lastrado.
Al amo no le gustó nada que me quedase tras él la mayoría del día, ya se lo decía a sus amigos, este terreno no está hecho para este perro. Aquí no se desenvuelve. Y la verdad, es que lleva razón, pero que se aguante, que me lleve a esos terrenos tan bonitos a los que me suele llevar, y que encima, hay más animales de esos que a mí tanto me gustan, los del pecho blanco.
Aunque para mí fue un mal día, para el amo, por lo visto no fue tan malo. Compartió jornada de caza con buena gente, y con sus amigos. Vieron caza, ya que entre tres cazadores tuvieron 6 piezas a tiro y Jesús abatió un conejo. Eso sí, se pasaba todo el rato gruñendo, cuando no era por mí, era por los cazadores, que según él se quedaban parados delante suya, porque al no llevar perros esperaban aprovecharse del trabajo nuestro, aunque mío, la verdad, poco.
Tengo que mencionar también, que me volví a encontrar con la vestía negra, la preciosa braca alemán de Juan, que al amo tanto le gusta, y es que, con siete meses, es un esperpento. Eso sí, todo lo que tiene de grande lo tiene de pesada.
Nunca había tenido tantas ganas y había sentido tanto gusto de meterme en el trasportín tras estar cazando. ¡Qué alivio! Espero que no me vuelva a sacar por aquellos terrenos, lo mío sabe que son otros lares, aunque de este, yo ya no me fío…
Una de cazadores y perros: No cumplimos...
Publicado por J Carlos Calvo, el 15 de noviembre de 2010
Hasta ahora, no había narrado lo más importante de mi vida. Y es que, como perro de caza que soy, lo que más me apasiona y me hace feliz es la caza. Desde que empecé a coger el vicio por ella, cuento las horas para que Juanillo, el amo, venga a buscarme, coja los trasportines y nos lleve, a Hera y a mí a cazar. Aunque a decir verdad, montar en el coche no me gusta nada, me suelo marear. Hera, en ese sentido siempre ha sido más buena que yo, metiéndose sola desde el primer día en el trasportín, y encima, sin marearse. Estas mujeres…
Al lío, que me pierdo. La semana pasada, el amo vino a por mí y a por Hera a eso de las 2 de la tarde, y lo que menos nos esperábamos, es que nos llevase de caza ese día, porque a esas horas suele venir a visitarnos.
Un viaje algo largo, pero cuando llegué el terreno me gusto bastante. Vino un hombre extraño, y le entrego a Juanillo una caja, con aves que estaban muy asustadas. ¡Pobre de ellas si me llega a abrir el trasportín! Hera y yo, desde el coche, las latíamos sin parar, nerviosos por darlas caza. Pero no sé qué leches haría el amo, que se recorrió todo el terreno con la caza, se fue bien lejos ya que tardo un buen rato, y cuando llegó, pocas codornices quedaban.
Una de perros y cazadores: De lo bueno, a lo menos bueno…
Publicado por J Carlos Calvo, el 9 de noviembre de 2010
Bueno, como creo que no sé dio del todo mal mi primer relato, voy a continuar escribiendo, sin prisas, que como perro que soy, pocas cosas tengo en mi agenda para hoy…
A los tres días de estar en casa de mi amo, no sé por qué, pero me cogió en brazos, y así me llevo hasta que llegamos a un sitio bastante más precario que la casa en la que estaba. La verdad, es que no estaba del todo mal para estar un rato allí, pero quien me iba a decir, que me iba a pasar los días entero, y no solo eso, ¡sino que iba a ser mi casa¡. Aunque mi casa, como casa, siempre será dónde vive mi amo, que de vez en cuando, me sigue llevando para hacer el canalla conmigo, es decir, bañarme.
Los primeros días en la perrera, me costaron bastante, echaba de menos a mí amo, y aunque me visitaba a diario, e incluso dos veces, no podía parar de llorar cuando estaba solo. La verdad, es que viendo como he visto, otras perreras, no me puedo quejar de la mía, está totalmente cerrada menos la mitad del techo que está al aire libre, según he escuchado al amo, para que me dé el sol -y no sabe él lo que me gusta tumbarme en las mañanas frescas a que me caliente un poco-, y por supuesto tiene una caseta en la parte techada, con una elevación de madera, que en el suelo no me gusta dormir y eso el amo lo sabe. No es la casa, pero no me puedo quejar…
El caso es que cuando ya me estaba encontrando a gusto, me había acomodado en mi chalet y tenía programada las horas en que venía el amo, llego la intrusa… ¡Qué poco me gusto al principio! Nada más llegar, nos peleamos varias veces y eso no le gusto nada a Juan, el amo, vaya sino le gusto…
Pero ese mismo día, hice buenas migas con ella, ambos nos dábamos calor y como los dos éramos cachorros nos divertíamos jugando juntos, eso sí, todo sea dicho, primero defendí mi cubo del agua, después el de la comida, y más tarde, la caseta, pero tras ser vencido, decidí aliarme. Ahora ya no resulto vencido, porque generalmente la perra se rinde ante mis atributos, pero la verdad, que cuando saca la furia femenina, no me queda otra que andar con las orejas “gachas” y el rabo entre las piernas.
Todo sea dicho, ya que soy yo perro de decir las cosas como son, que Hera, la podenca andaluza, la intrusa, la única perra del amo, es una perra muy buena, en algunas ocasiones nos pegamos, pero es muy cariñosa y juguetona, aunque últimamente ya no quiere jugar tanto, y no me hace tanto caso… No sé que la pasará.
Bueno, yo creo que por hoy ya vale ¿No? Me he presentado, y os he presentado a mi compañera, la podenca andaluza Hera ¿Qué más queréis? Soy perro, y todo esto me cuesta mucho :) Tenemos que ir empezando con la caza, que es lo que verdaderamente somos, perros de caza. Ya os contaré, ya…
Una de perros y cazadores: Me presento... Soy Atila.
Publicado por J Carlos Calvo, el 8 de noviembre de 2010
Imagino, que tendré que comenzar presentándome. La verdad, es que no sé si lo haré bien, ya que como perro que soy, no me han enseñado a hacer este tipo de cosas, pero espero que la intuición canina me sirva de algo…
Bueno, a lo que iba, soy un podenco maneto, y según recuerdo me crió un hombre con mucho pelo, Miguelón le llama el amo, aunque a veces también dice algo de Afijo de los brujos, no sé qué querrá decir, el caso, es que de ahí vengo yo.
El hombre de largas melenas, me separó un día de mi madre y mis hermanos, y el muy cruel, me metió en una caja de plástico con una rejilla en la parte delantera y me dejo en una oficina tirado. Vaya panzada a llorar me pegué, pero es que es normal, me dejaron ahí en el olvido y además, después me metieron en varias furgonetas, en las que pase frío y sentí muchos golpecitos que me hacían levantarme un pelín. ¡Qué recuerdo más malo! ¡Lo peor de mí corta vida!





